lunes, 29 de noviembre de 2010

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Querida Ariane:
Lamento leer estas líneas… lamento que te sientas así y no poder tenderte mi mano. ¿En realidad es tan malo? Me cuesta creer que tengas que pasar por esos momentos… ¿No será que tu disposición no es la mejor? Amiga, no vislumbres regaños en mis palabras ¡es qué estamos tan lejos y no puedo ver tus ojos!
Lucien ha regresado de Inglaterra ayer, cada día lo percibo más lejano, no lo resiento, al menos me deja sobrado tiempo para mí, tal vez demasiado. Ayer fuimos al teatro al fin, él apenas lo disfrutó pero yo no pude dejar de aplaudir ¡tanta vida en París y yo tan lejana de ella! Encontramos al salir a Madelaine, que parece estar esperando a su tercer hijo y a un tal Julien, Lucien lo ha invitado a cenar esta noche, no debería pensarlo y menos escribirlo, pero él es tan bello inteligente y caballeroso; vendrá con su hermana, espero ella sea amable y apague mi soledad.
Hablaré con mi marido de ser posiblle esta misma tarde, sigo con la firme idea de viajar a tu boda y ahora que me has facilitado la fecha puedo comentárselo, no ha pasado mucho tiempo en casa, todavía desayuno sola y apenas me dirige palabra. Sabes que no me considero una mala esposa y no me agradan las quejas, mas no sé como tomar esta situación.
Tu madre me ha preguntado cómo estás y no he sabido que contestarle, realmente estoy preocupada por ti, Ariane, y lo que me cuentas de este hombre no hace más que reafirmar mis dudas. ¿Por qué no hablas con tu padre? ¿No será que simplemente son las formas cordiales que allí se estilan? ¿Estás segura que las cosas son como las ves y no es la tristeza la que empaña tus días?
Con Cariño,
Camille.
viernes, 26 de noviembre de 2010

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Querida Camille:

Gracias por apresurarte tanto en responder a mi misiva, me ha alegrado tanto leerte…. Me llevas de nuevo a nuestras costumbres, a nuestras charlas. Querida mía, eres mi contacto con la realidad.

Como vaticiné, tengo el alma hecha añicos acumulada en los pies, se arrastra vagamente por el suelo. Sé que nunca podrás llegar a entender mi sufrimiento. Disculpa las palabras borradas y la mala letra, no mantengo un estado de ánimo sereno, creo que jamás podré volver a mantenerme serena.

Te contaría que me alegra que París siga igual, incluso intentaría animarte y acompañar tu soledad con algunas palabras de consuelo, pero ni siquiera puedo encontrarlas para mí.

Quiero morir, Camille. Ahora entiendo por qué éste hombre no ha conseguido esposa, ahora lo entiendo todo... es un hombre muy grande, musculoso y rudo... tiene el pelo del mismo color cobrizo que el tuyo, largo.... y unos ojos azules, o quizás verdes... no lo sé.... me da miedo mirarlo, sus ojos me observan como si quisieran devorarme salvajemente. Creo que si no estuviera padre lo haría.

La boda (o mejor dicho mi sentencia de muerte) se ha acordado para el mes que viene. He seguido tu consejo y finjo sonreír cuando esta padre delante.
Estoy tan sola. Finlandia es un lugar muy frío, nieva... y yo no lo soporto, la melancolía se me comerá, el frío me cala hasta los huesos.

Él... habla un francés perfecto, aunque no hemos conversado demasiado, no es hablador por lo que he comprobado, su nombre es Otso. Nunca me llama por mi nombre, apenas me habían rozado sus ojos claros cuándo susurró "Tuonella", y aún no he conseguido saber qué significa. Me miró, como se mira a un animal, como debe de mirar el León segundos antes de dar el mordisco de gracia.

Aquí nadie habla mi idioma, solamente él, y Padre. Cuando Padre se marche me quedaré aquí sola, en éste castillo inmenso sacado de la historia de Romeo & Julieta, pero que carece totalmente de Romeo, y también de Julieta.

Un afligido y terriblemente apesadumbrado abrazo.

Con cariño:

Arianne

martes, 23 de noviembre de 2010

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Querida Arianne:
Comprendo la preocupación de tu padre al verte tan triste, no creas que él no lo nota… con esto no anhelo pedirte que le mientas, pero al menos trates de ser más benévola con él, con sus decisiones y tu destino. Ya verás que ese hombre no ha de ser malo, y en esta vida no hay nada que no se compense con un poco de gracia. El viaje no será tan breve, tal vez puedas mejorar tu ánimo o conocer alguna persona digna de admiración y respeto.

París sigue igual de vivo, más poco lo veo. Quería asistir al teatro, mas Lucien aún no ha regresado y no es propio de una dama salir en las noches sin su marido, así que me conformo con leer algunas obras, ¿Podrías recomendarme alguna? así no es tanto el tiempo en soledad ahora que tú tampoco estás. Estaba pensando incluso en remodelar un poco la casa, o los jardines, así ocupo mi tiempo. No vayas a creerme ociosa, es sólo que nada parece suficiente, ¡la casa es tan grande y estoy tan sola! A veces me propongo hacer algunas cosas, pero termino desistiendo, pensando en qué puede o no puede hacer una mujer en mi situación.

Pensaba incluso en poder asistir a tu boda, de todas maneras ya he encargado algunos regalos que sé, estoy segura, serán de tu agrado.

Trata, por favor, de animarte un poco, a pesar de los tachones, (no te preocupes por ellos, sabes que tenemos confianza), he leído algunas palabras borroneadas… no te refugies en la desdicha, siempre te tendrás, y tendrás hermosos recuerdos.

Lamento no tener más noticias desde tu partida, y espero ansiosa alguna sonrisa desde el mar.

Un abrazo, querida.

Camille.
P/d: no quiero decirlo por no ensombrecer más tus ojos, pero no puedo evitarlo, ¡verte partir ha sido tan injusto!
domingo, 21 de noviembre de 2010

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By ijakopen


Mi querida amiga:

La distancia no será una excusa, bien lo sabes querida, bien lo sabes. Ya echo de menos el olor y la luz de París, pero no quiero llenar mis cartas de autocompadecencia, ni tampoco de quejas absurdas de niña mimada, voy a ser una mujer casada y madre me dijo que tengo que dominar mi carácter para hacer feliz a mi futuro esposo.

Hace apenas unos minutos que hemos embarcado padre y yo. Está más callado de lo normal, me mira muy severamente, incluso parece que su barba está mucho más blanca de lo habitual. Creo que está muy preocupado por mí.

No te contaré mi despedida, cómo le dije adiós a mamá madre, y a mi dama de compañía Justinnne, tampoco te diré cómo Lisse, e incluso Emanuelle, se despidieron de mí entre lágrimas. Yo misma lloraría sobre el papel y eso estaría muy mal. Tengo que dominar mi carácter rebelde.

En un par de días llegaré al puerto y aún tendré varias horas de camino en carruaje hasta llegar a la mansión de mi futuro esposo. ¿Cómo será? ¿Será feo? Desde luego no debería ser feo… padre no ha querido revelarme su aspecto así que sospecho que no me gustará, o quizás sí. Querida, no puedo evitar sonreír al imaginar su aspecto. Lo imagino como aquel muchacho que vimos en el Jardín del Luxemburgo, ¿Lo recuerdas? Yo hice un comentario sobre su pelo y sus ojos, y él entonces nos miró. Era muy apuesto… Tú me reprendiste, cómo de costumbre, y me dijiste que no era digno de una dama hablar así, pero en aquel momento mi corazón tenía alas. Creo que sí que lo recuerdas, quise ir a entablar conversación con él pero no me dejaste. Suspiro. Suspiro. Suspiro… ¡Ojalá sea cómo aquel muchacho!

Desearía extenderme más en mi misiva, querida, pero me temo que no tengo mucho que contarte, por el momento paso las horas imaginando a alguien apuesto, y sin embargo tengo la casi certeza de que mi marido no será bien parecido, sino padre me hablaría con ilusión.

¡Camille! ¡Seré desdichada hasta mi muerte!

Mi humor empieza a decaer así que será mejor que termine ya mi misiva.

¡Querida amiga! cuéntame algo alegre; para cuando vuelva a escribirte, tendré el alma hecha girones. Lo sé.
Con cariño:



Arianne



P.D: Disculpa los tachones, no me siento con la fuerza necesaria para empezar de nuevo la carta, la he empezado un par de veces y ha pasado lo mismo. Sé que sabrás disculparlo.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Prólogo II - Camille -



París y una vida sin sobresaltos. Una paradoja sempiterna, dulce e irremediable. Jamás una lágrima tocó mis ojos, un disgusto empañó el día. He sabido de la dignidad de aceptar un destino, miles de destinos, en pos de una eternidad sin sobresaltos.
Mi gran casona, un marido, algunos amigos, varios criados, ningún descendiente, buenos vestidos y un cabello reflejo del sol han sido algunas de las recompensas del tiempo; sé que no podría hablar de sacrificios, pues no he sentido nada de ello, pero al menos hasta ayer podía hablar de justicia una justicia divina que prevalecía refulgente en mis pensamientos y en mis actos, en mi manera de observar mas no ser demasiado partícipe de la realidad.

Hoy me he levantado temprano, desayunado sola en el hermoso balcón, esperado a Lucien en vano y encomendado las compras. He salido de turquesa a encargar algunos sombreros y llegado a unos grandes enrejados negros a ver morir una ilusión.

De mis pocos amigos es ella la que posee la fuerza de la vida, la que sabe luchar en contra del tiempo y las razones, la que se impone férrea ante lo inevitable; sin embargo hoy es una más, dejándose arrastrar con los dientes apretados y el corazón durmiendo. Hablamos muchas veces de su inaceptable destino con más resignación que esperanza y creí vislumbrar que una parte de su ser agonizaba. Quise llorar su suerte, su sufrimiento, pero no pude, hay cosas que mi silencio no admite. Traté de convencerla, pero fue en vano. Una despedida es una despedida, no una promesa de un mañana mejor.

Lista para salir está, y adivino en sus ojos un padecimiento injusto, la vida no debería ser esto para todos… trato de darle fuerzas, le sonrío y un abrazo sella el pacto.

- Será lo que deba ser, querida, ya verás que pronto te encontrarás animada. -Me besa en la frente - espero noticias tuyas, la distancia no es una excusa.

Cuando está subiendo a su carruaje levanto mi mano de guantes blancos y sonrío para ella, el carruaje se ha ido y yo sigo despidiendo al viento.

Debo regresar, contestar algunas notas, examinar la comida y el aseo, elegir música para la cena y leer algunos periódicos; no obstante, al llegar, pido a Marie que me prepare un baño, presa de un desgano inmenso. Comprendo hoy que la justicia no es tan íntegra como yo juraba, y que algunos acontecimientos, aún sin muertos en ataúdes sombríos, merecen un luto que guardar.


miércoles, 17 de noviembre de 2010

Prólogo I - Arianne -



- Ariane, hija mía, espero que tengas ya el equipaje preparado ¡Tienes que llegar a tiempo al barco!

- Pero… mamá….

Y una fugaz mirada de sus ojos negros me silenciaría para el resto del trayecto. Señala el taburete rosado de mi tocador, y con ambos labios pegados entre sí, la miro con rencor. No quiero irme a ese lugar frío y lejano, no quiero separarme de París… no quiero.

Ella me acaricia dulcemente la mejilla, acaricia mi pelo rojo y largo; suspira.

- Hay, hija mía, tienes que aprender a hacerte tocados, no puedes llevar siempre el pelo largo, pareces una salvaje harapienta con el pelo suelto.

Yo la sigo mirando, la odiaría si pudiera pero me veo incapaz, aunque me haya vendido como ganado.

Poco a poco el tocado va surgiendo gracias a sus dedos, nudos y nudos de pelo rojo se agolpa en mi cabeza. Yo me pinto los labios, coloco mis pendientes y el collar. Ahora soy una res adornada y maquillada para que su macho la compre. ¿Cómo será él?

Me levanto, y empiezo a vestirme, para cuando he llegado a la parte en la que el corsé queda lejos de mis manos ella sigue mirándome con ternura.

- Ven, ven mi niña, que será el último corsé que pueda atarte tu madre.

Me acerco y para entonces ya he dejado de odiarla, incluso casi he olvidado que me ha vendido. Parece ilusionada; sí… creo que lo está, está muy contenta con el matrimonio tan ventajoso que papá me ha conseguido.

Anoche le lloré a papá y ella lo sabe, los escuché discutir ésta mañana, papá no está muy convencido de dejarme marchar, me acompañará hasta allí y volverá. “Eso será una descortesía por nuestra parte querido, ¿qué va a creer su prometido? ¿Que no nos fiamos de él?”, gritaba con esa voz aguda y estridente que sólo le sale cuando se enfada. “Pero, Eloise, querida, sólo tiene 23 años.” Y ahí quedó todo, como siempre los dos se han salido con la suya jugando a ser mí destino.

Ya está, todo listo para marcharnos, no, no me iré sin despedirme de Carmille. No, no, no, no, mi querida amiga ¿Dónde estás?

- En dos minutos nos marchamos. – es papá, que habla desde el otro lado de la puerta y se marcha, con sus pasos firmes y pesados, a mandar que preparen el carruaje. Los criados se llevan el equipaje, mi habitación se queda vacía. No quiero irme.

Para cuando he llegado a la puerta de casa Camille me espera en la puerta. Ya sé que me despedí de ella ayer, ya sé que hablamos largo y tendido sobre mi marcha, probablemente no volvamos a vernos jamás. Aún la recuerdo, como tantas veces, allí, esperándome, al lado de la puerta, a penas alcanzábamos el metro de altura.

Me sonríe, cómo todos estos años, y yo… Yo quiero echarme a llorar, pero no lo haré. Intento corresponderle la sonrisa y cuando llego a su altura la abrazo fuerte. Me niego a decir nada más, ahora sólo podría quejarme, o autocompadecerme y no haré ninguna de las dos cosas porque no pienso despegar mis labios.

- Ariane, sube al carruaje ¡de inmediato! Llegaremos tarde al barco. – Mamá grita desde dentro del carruaje, papá acaba de subir en él, sólo falto yo.

Le sonrío a Camille, ésta vez sí sale la sonrisa, le doy un beso en la frente y subo de una vez al carruaje que se va alejando poco a poco de todo lo que amo, o he amado alguna vez en mi corta vida.


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A continuación la aparecía de los personajes que aparecen en la historia:

Otso

Otso
(Eicca Toppinen)
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    Hace 6 meses
  • ~**~ - *Podrás infligir en mi corazón una herida mortal, podrás cercenar mis alas, incluso podrás sellar mis parpados.* *Pero nunca, nunca podrás poseer mi voz,...
    Hace 2 años