martes, 29 de marzo de 2011

Historia - 3ª parte


El calor de la vergüenza, la respiración agitada, consecuencia de haber estado corriendo con semejante y aparatoso vestido, la ira de su madre… un nuevo mareo; se sienta en la cama, el corsé la asfixia y siente que está a punto de desmallarse. Lo haría, se abandonaría al desvanecimiento de no ser por el torrente de lágrimas que sale despavorido, se cubre la cara, con la ansiosa necesidad de no manchar el vestido. Otra reprimenda más y su ánimo decaerán por completo.

¿Y si ya no la quiere? ¿Y si es cierto que su comportamiento ha sido tan indecoroso que Otso la desprecia por ello? Ahora que le había tomado cierto cariño.... incluso sentía ilusión…. Ahora que casi le había cogido la gracia a eso de casarse, tan lejos de casa, en un mundo dónde ninguna persona entendía su lenguaje. Qué difícil había sido, qué animo tan positivo e inocente, tan férreo, había demostrado.

¿Se irá todo al traste?

¿Ya no es una dama?

Las preguntas se amontonan en su cabeza, se abandona a los pensamientos nefastos que se acumulan en su mente, uno tras otro. Se abandona como jamás lo ha hecho, ni siquiera ante el viaje inminente.

Qué sola ha estado, en aquel lugar tan frío. Qué sola ha estado. Ahora se da cuenta de todo, ahora, rodeada de todos aquellos extraños que supuestamente la quieren y no dejan de juzgarla, condenándola a los más crueles destinos.

Piensa en Otso, se siente ridícula y avergonzada ¿qué debe pensar él de ella? Seguro que también le otorga todos esos juicios.

Todo lo que no había siquiera imaginado pasa por su mente, daña su corazón, y sale por sus ojos en forma de atroces lágrimas que van desgarrando sus mejillas. Incluso olvida la presencia de su amiga.

Qué ingenua ha sido, qué ingenua ha sido siempre. ¡Tonta, tonta, tonta!

Después de unos momentos de angustia interminables, logra ver el vestido dorado de Camille, se levanta rápidamente e igualmente mareada; cubriéndose el rostro y profiriendo disculpas, una tras otra, nerviosas y exhaustas.

lunes, 14 de marzo de 2011

Historia - 2ª parte

Los paisajes Nevados, el frío y la blancura, el hermoso castillo y la sonrisa de su amiga, en todo, Camille piensa en todo, y a veces sonríe. Lamenta levemente que su marido no haya podido, mas bien querido, acompañarla, lamenta tener que colocar el madero de la duda sobre Claire, su potencial nueva aliada a la hora de soportar la apacible y monótona soledad que siente ahora más que antes, sin amiga, más que siempre. Lamenta hondamente recordar a Julien, su mano tibia, su brazo seguro, su sonrisa de perlas, sus palabras afiladas y plenas de lucidez.

Escucha unos pasos acercarse vertiginosos y extasiados, galopantes y seguros acercándose a su puerta y sacándola de su sopor palidecido. Ariane la mira y recuerda de sus ojos el fulgor, la vida y la fuerza que ella misma ha perdido ya. Quiere abrazarla, reírse y compartir secretos de nuevo, desea sus consejos, esa parte de ella que ni Lucien ha logrado arrebatarle.

-¡Camille! Perdóname, por favor, no he podido escapar de las garras de mi madre hasta ahora, tampoco de la recepción a todos los invitados. ¿De verdad lo ves tan hermoso? ¡Sí lo es! ¿Verdad?

La mira, radiante y alborotada, esa es su amiga, la de siempre, la de esos paseos confidentes. Abre su boca para liberar la distancia, pero un golpe en la puerta, seguido de una irrupción ata nuevamente sus silencios.

Otra vez, como tantas veces, Camille asiste a un regaño de las manos de aquella que Ariane llama Madre, su madre, que la asfixia en tantos sentidos como encuentra posibles. En el viaje, llama a su memoria, ha escuchado severas recriminaciones de las actitudes de su hija, de sus gustos y sus palabras Camille ha acotado poco, siempre a favor de su amiga, incluso al riesgo de contrariar a esta benefactora que ha hecho posible su presencia en el castillo, en esta situación tan triste. No se siente incómoda, no es la primera vez, pero sabe que su amiga se averguenza y sabe que estas situaciones le hacen mal, la turban, la entristecen.

-¿Qué pasa si rehúsa del matrimonio? ¡Eh! ¡Te quedarás sola! ¡Sin dinero! ¡Deshonrada! - grita la madre.

Un nudo se instala en su garganta ¿es que ella no dijo lo mismo en una de sus cartas? Jamás pensó que podía ser tan cruel. Trató de apaciguarse, ya pediría las disculpas pertinentes.

Dios no la había bendecido aún con hijos y ella nunca lo había pensado si quiera, pero en ese instante se prometió que si algún día tenía una hija, jamás le diría esas palabras. Sería dulce, amorosa, no apretaría demasiado su corset para que el aire pasara libre, no la obligaría a nada, aun si eso la llevara a riñas con Lucien, pasearía con ella, le compraría dulces y no la asustaría con monstruos o maridos que la dejan en el altar, ni siquiera consentiría que Lucien planee un matrimonio con alguien que su hija no aprobara y curaría todas sus lagrimas con canciones y cuentos. Casi sonríe, en sus ensoñaciones.

- Me marcho, te dejaré un rato con Camille que, espero, te haga entrar en razón y recordar los buenos modales franceses. Espero, por tu bien, que tengas aquí algún vestido con el que salir, no vuelvas a tocar se vestido hasta mañana por la mañana. - Al borde del llanto, la madre se escabulle.

Ariane susurra una disculpa, ella la abraza y le susurra algunas palabras cariñosas.

- Tranquila, querida, no te preocupes ni por mi ni por tu madre, estos días son tus días, son tus momentos. Nadie va a robártelos.- La mira y le ofrece sentarse - Vamos, tengo muchos vestidos que sabes que pueden quedarte, incuso puedes estrenar algunos. - Sin esperar, de en sus ropas cuidadosamente acomodadas rescata un hermoso vestido dorado y lo pone en sus manos - ¿Te gusta? Deja que te ayude a atarlo mientras hablamos, sino las criadas nos interrumpirán y no sé si nos comprenden o no. ¡Eres una radiante novia! Feliz y con el amor en la mirada. Cuéntame de Otso te veo tan ilusionada, amiga ¡quién pudiera ser tan feliz!

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A continuación la aparecía de los personajes que aparecen en la historia:

Otso

Otso
(Eicca Toppinen)
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