jueves, 8 de diciembre de 2011

Historia - 16ª parte


Esa mañana Camille se levanto tan temprano como siempre, la noche de palabras no había hecho mella en su rutina casi estudiada. Como desde hacía tanto, abrió los ojos con el sol, estiró un brazo hacia arriba, luego el otro y respiró hondo, sonoramente.

Bajó los dos pies juntos de la cama y los apoyó en el suelo, desnudos. Giró su cabeza hacia ambos lados y se levantó de una sola vez.


Asumió que las criadas estarían aún avocadas a desvestir el castillo de la boda, así que se vistió y alistó su cabello, rubio, en rizos y un recogido simplón, sola, sin ayuda, ni siquiera llamó. Miró complacida su vestido turquesa, pensó en los mismos ojos de Julien y un sentimiento de paz y cariño la sobrecogió y le regaló una sonrisa. Extrañada, se dispuso a bajar a tomar el desayuno.


Desayunar sola era su automático, al igual que los dos pies a la vez de la cama al suelo, así que se sentó y esperó el desayuno. Se preocupó en París, en Lucien y los negocios en Inglaterra, en Julien y en sus palabras, en la carta escondida y en Claire, joven y de turquesa igual al de ella, en su amiga y en su candelero sonriente y antes que el humeante puntapié inicial del día, Arianne irrumpió radiante sus pensamientos.


Realmente no la esperaba, pero se alegra tanto de tenerla una vez más en sus desayunos, en su vida, su única confidente y ahora con algo que confiarle.


- Querida, no sería propio preguntar por tu noche, además, tu madre siempre acecha.- Sonríe. – Preguntaré pues ¿Cómo ha comenzado tu día? - Un brillo pícaro inundaba la sala – Dime que has hablado con Otso en algún momento, para que escriba a Lucien, dime que lo has convencido de que lo haga.


Una criada interrumpe con la tazas y los bocadillos y Camille suspiró aliviada.


- ¡Pensé que era tu madre! – sus ojos cómplices se abrieron brillantes – espero que no creas que no soy una ingrata por decidir quedarme cuando recién eres una mujer casada. Puedo irme si inoportuno, lo sabes, pero… no puedo negar que quiero quedarme, ya, lo dije.


Camille se percibe, se nota feliz, como esperanzada, como no sabe mucho de esos sentimiento, le hace ilusión la compañía sincera.


- No te he dejado hablar, lo sé, lo sé, perdona. ¡Cuentame todo! – Se sonroja - bueno, no todo, claro está, pero al menos, dejame cederte la palabra.







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A continuación la aparecía de los personajes que aparecen en la historia:

Otso

Otso
(Eicca Toppinen)
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