jueves, 8 de diciembre de 2011

Historia - 16ª parte


Esa mañana Camille se levanto tan temprano como siempre, la noche de palabras no había hecho mella en su rutina casi estudiada. Como desde hacía tanto, abrió los ojos con el sol, estiró un brazo hacia arriba, luego el otro y respiró hondo, sonoramente.

Bajó los dos pies juntos de la cama y los apoyó en el suelo, desnudos. Giró su cabeza hacia ambos lados y se levantó de una sola vez.


Asumió que las criadas estarían aún avocadas a desvestir el castillo de la boda, así que se vistió y alistó su cabello, rubio, en rizos y un recogido simplón, sola, sin ayuda, ni siquiera llamó. Miró complacida su vestido turquesa, pensó en los mismos ojos de Julien y un sentimiento de paz y cariño la sobrecogió y le regaló una sonrisa. Extrañada, se dispuso a bajar a tomar el desayuno.


Desayunar sola era su automático, al igual que los dos pies a la vez de la cama al suelo, así que se sentó y esperó el desayuno. Se preocupó en París, en Lucien y los negocios en Inglaterra, en Julien y en sus palabras, en la carta escondida y en Claire, joven y de turquesa igual al de ella, en su amiga y en su candelero sonriente y antes que el humeante puntapié inicial del día, Arianne irrumpió radiante sus pensamientos.


Realmente no la esperaba, pero se alegra tanto de tenerla una vez más en sus desayunos, en su vida, su única confidente y ahora con algo que confiarle.


- Querida, no sería propio preguntar por tu noche, además, tu madre siempre acecha.- Sonríe. – Preguntaré pues ¿Cómo ha comenzado tu día? - Un brillo pícaro inundaba la sala – Dime que has hablado con Otso en algún momento, para que escriba a Lucien, dime que lo has convencido de que lo haga.


Una criada interrumpe con la tazas y los bocadillos y Camille suspiró aliviada.


- ¡Pensé que era tu madre! – sus ojos cómplices se abrieron brillantes – espero que no creas que no soy una ingrata por decidir quedarme cuando recién eres una mujer casada. Puedo irme si inoportuno, lo sabes, pero… no puedo negar que quiero quedarme, ya, lo dije.


Camille se percibe, se nota feliz, como esperanzada, como no sabe mucho de esos sentimiento, le hace ilusión la compañía sincera.


- No te he dejado hablar, lo sé, lo sé, perdona. ¡Cuentame todo! – Se sonroja - bueno, no todo, claro está, pero al menos, dejame cederte la palabra.







domingo, 4 de septiembre de 2011

Historia - 15ª parte


Arianne se descalza y con los pies desnudos cruza los pasillos del castillo que ya conoce como la palma de su mano. Una tras otra las fuertes puertas de madera se deslizan sus ojos y se pierden tras ella.

Ha llegado, a la puerta anterior a la suya, la puerta de aquella alcoba que vio fugazmente; entreabre la puerta lo suficiente para asomar sus ojos en la estancia y comprobar que no hay nadie en la cama. La luna llena, y el gran ventanal, muestran una cama con las sábanas desechas y vacías. Entra en la habitación, alza su mano, con la vela en alto para alumbrar los rincones del lugar. No, ahí no hay nadie.

Cabizbaja, pensativa y desilusionada, con la sonrisa de su rostro emborronada, entra en su cuarto y apaga la vela. La deja en el tocador y se dirige a una cama que no está vacía. Otso, sus ojos cerrados y una leve sonrisa dibujada en sus labios. Se queda un rato de pié, mirándolo, sin atreverse siquiera a respirar, siente el calor en sus mejillas ante la idea de entrar en la cama con él, y por un momento, quiere ir al cuarto de Otso, dónde hay una cama vacía, y dormir en él.
En esos pensamientos está cuando Otso se levanta y la coge de ambas muñecas, tira de ella hasta tenerla metida en la cama.

- Tuon... Arianne - resopla irritado por ese centenar de veces en las que ha tenido que rectificar el nombre - Tienes los pies helados. ¿Acaso has cruzado el castillo descalza con éste frío?

A ella le cuesta hablar, siente las manos de Otso en la parte baja de su espalda.

- Sí... eh.... bueno... - incluso le cuesta pensar - he ido a ver a Camille. Por eso he tardado tanto en llegar... - rojo fuego en sendas mejillas - Tu has... ¿Has estado esperando mucho rato?

Él sonríe ante la tierna reacción de ella.

- Me temo que desde que te has ido.

- ¿Y... bueno... que....?

- Hemos hecho un trato, pero... en él no dice nada de dormir. Quería dormir contigo, Tuon... - Gruñe, se niega a rectificar ésta vez.

- Ya veo como cumples tú los tratos, todos me preguntaban qué era eso que decías antes de llamarme.

Ella frunce el ceño y se aparta un poco de él, ocupando así la mitad de la cama que le corresponde. Él se acerca, serio, todo él, cálido, tan cálido como siempre... la besa, besa su labio inferior, una y otra vez, y en ella cada vez hay más ímpetu.

- Creo, que de éste trato, no voy a poder cumplir ni una parte.

Y ésta vez es ella la que imprime el primer beso fogoso en los labios de Otso, es ella la que toca su espalda, su cuello, su mentón. Ya no encuentra restricciones, él es suyo, ya no hay temor, ya no hay preocupaciones, ya no tiene que medir cada una de sus palabras, ni cada una de sus acciones.

-
Tuonella, si sigues así, no podré cump...

Muerde el labio inferior de Otso, lo muerde con más fuerza de la debida. Pero él ni siquiera protesta, simplemente se ríe. Esa fue la primera risa de Otso que escuchó.

- oh, ¡Cállate! No quiero que lo cumplas, tonto.

…..

Sale el sol, y colándose por el ventanal los encontró desnudos dentro de la cama. Ella abrió enseguida los ojos, como siempre había hecho, para recibirlo.

Se abrazó a él, a su espalda, a todo él que aún permanecía tan tranquilamente dormido a su lado, igualmente denudo.

- Otso… Otso… Despierta… ha salido el sol, te encontrarán aquí.

- ¿Y qué? Eres mi mujer… - refunfuña, - no hemos hecho nada malo.

- ¿Quieres que mi madre empiece a preguntarnos cuándo me quedaré embarazada? ¿Cuántos hijos tendremos? ¿Qué nombres les pondremos? Y, lo más importante ¿Dónde se criarán?

Él abre los ojos de súbito, se levanta, sale de la cama y empieza a buscar algo de su ropa.

- Se marcha hoy ¿Verdad? – protesta, mientras desnudo recoge su ropa.

Ella lo mira, atenta, curiosa, observa la desnudez de Otso, tan extraña y a la vez tan atractiva. Él se da cuenta pero no dice nada, se lo guarda para otra ocasión.

- ¡Espera! Debes escribir a Julien sin falta, Camille se quedará, y dado que ella no puede hacer un viaje de vuelta a París tan largo y tan sola, tendrás que escribir a Julien y pedirle que venga a buscarla, tú eres un hombre, sabrás cómo decírselo. – Otso asiente complacido segundos antes de desaparecer tras la puerta.


Una hora después, cuando Arianne baja con una gran sonrisa en sus labios, encuentra a Camille desayunando, como no podía ser de otro modo, a primera hora de la mañana, puntual y perfecta, con un vestido precioso.

Todavía no hay nadie más desayunando solamente se encuentran las dos amigas, que cómplices, se sonríen mutuamente. La una sentada al lado de la otra.



jueves, 25 de agosto de 2011

HISTORIA - 14ª PARTE

Camille sonríe ante las palabras de su amiga. Lo sabe, sabe que debería ser más ella, estar más viva y disfrutar de sus días, pero no, no puede, aún así, debería intentarlo, al menos ahora al lado de su amiga.


- Sé que tenemos que dormir, lo sé, has de estar muy cansada… y sin noche de bodas – suelta una risita – vamos, deslízate al cuarto de tu marido, nadie lo notará. Y no te preocupes, le he tomado mucha estima, se nota el cariño que te tiene.


Se levanta, toma la vela y abre la puerta.


- Yo también quiero saber cuando se va tu madre. Pero si pretenden que me quede más que ella, debería escribirle a Lucien, no puedo regresar sola. Tal vez si Otso le escribe, como es hombre, lo apruebe. No lo olvides, ve a su alcoba.


Cuando la puerta se cierra ella aún está sonriendo.

domingo, 7 de agosto de 2011

Historia - 13ª Parte



- Tan.... tan tú, Camille... - suspira - si a ese hombre le gustas, desde luego le debes de gustar aun con tu insipidez natural.

Se levanta de la cama, se acerca a la ventana, y queda pensativa mirando el paisaje blanco y la luna llena.

- Cordial, correcta y políticamente impecable. ¿Por qué dejas que la vida se marche de esa manera tan silenciosa? No emites queja alguna. Él no es "una tentación", es Julien, sin más.

Da unos pasos hacia la cama, se acerca al candil y mira a Camille.

- Es tarde, tenemos que dormir, dime que te quedarás al menos un día más. A Otso le gustas, aunque no es muy hablador, como ya has comprobado, creo que ve a las personas, aún sin palabras. Me ha preguntado que si te ibas a quedar más tiempo que el resto. También me ha preguntado cuándo se marcha mi madre. - se ríe.

- Siento mucho que no te haya causado buena impresión, antes, en éste mismo cuarto mientras yo me cambiaba, que descortés por su parte. Ya lo he regañado.
martes, 26 de julio de 2011

HISTORIA - 12ª PARTE

- Querida, no ha sido tu culpa, sabes lo difícil que siempre me ha resultado hacer una amiga, incluso ahora, no hago más que desconfiar de Claire… - Camille miró a su amiga cómplice – además, creo que pensamos lo mismo sobre ella…


Se levantó de la cama y buscó entre sus ropas un pequeño cofre de madera. Regresó a la cama, y lo abrió lentamente.


- Julien… antes de venir a tu boda le he escrito estas líneas, ya que su hermana comentó que él no comprendía mis ausencias y que no habían entristecido. No he tenido el valor de enviárselas. – entre sus manos, descansaba un papel con letra prolija, con los bordes arrugados, tal vez, de tantas lecturas - escúchala antes de sonreír o regañarme.


“Monsieur:
Me permito escribirle estas líneas, luego de las palabras que su hermana amablemente me ha transmitido. Lamento si lo he ofendido con mi ausencia, y con gusto he de reparar este desliz cuando lo crea conveniente. Jamás he sido mi intención causarle un disgusto o incitar a que usted se forme una injusta opinión sobre mí. Le brindo una sincera disculpa.
Debe usted de saber que su compañía me es grata y que le ofrezco mi amistad, siempre será bienvenido en esta casa.”


- Asumo que es un poco osada, pero no podía pensar en otra cosa. Agradezco este viaje, que si bien no me ha aclarado nada, al menos me ha alejado de la tentación.

miércoles, 6 de julio de 2011

Historia - 11ª Parte




El suspiro de Camille se extiende hasta llegar a Arianne, que suspira también. La mira preocupada. No sabe qué decirle, así que guarda silencio unos instantes, inspeccionando la expresión de su amiga. Advierte tranquilidad... pero eso no hace desaparecer la preocupación.

- Lo siento, siento mucho haberte dejado sola en ese mundo tuyo tan recluido, lamento que no hubiéramos hecho otras amistades, para acompañarte en éstos momentos. - Sonríe pensando en alguna estrafalaria joven que conocieron en el teatro, sonríe, imaginando todas aquellas veces que se reusaron a otras compañía femenina que la mutua. Todas ellas tan arpías... - Deberíamos haber hecho más amigas de confianza. Claire no me gusta, no entiendo por qué Lucien sale siempre que está ella y te ha dejado tan sola todos estos años ¿De repente le gusta el teatro? Esconde algo que no me gusta. - Teme mirar a su amiga así que se mira las manos, no puede permitirse silencias su lengua, no lo hará; - ojalá hubieras conocido a ese muchacho tiempo atrás. Te veo, miro tus ojos cuando hablas de él, leo tus palabras cuando escribes sobre él. Veo todo eso que no vi el día de tu boda. ¿Lo recuerdas? Pregunté, infinitas veces, si estabas segura; y aunque ahora no sirva de nada, (y créeme, no te lo reprocho), sigo sin comprender por qué te casaste con ese hombre.

Arianne deja de mirarse las manos, esto sí se lo va a decir mirándola a la cara.

- Pero no importa, todo eso no importa porque ya ha pasado, ya está hecho, no tiene remedio. Sin embargo, hay cosas que sí lo tienen. Julien es un remedio. ¡No! ¡No! permíteme terminar, ya sé que me vas a regañar, que es una locura, que jamás harías eso... - Arianne sonríe con tranquilidad, Camille la mira, y por sus ojos, sabe perfectamente lo que va a decirle. - No dejes de ver a Julien, déjate llevar, deja que todo se desarrolle cómo deba desarrollarse. No lo fuerces Camille. No niegues las cosas, ese hombre te ha hecho sentir más ilusión en un maldito gesto que tu marido en varios años. ¡Camille! ¡Estás loca! ¿Cómo vas a dar la espalda a eso? Date un respiro, permítete sonreír, ilusionarte. Date una oportunidad Camille, por favor.

Queda en silencio, escrutando los ojos de su amiga, esperando su alarma, su reprimenda; esperando su sorpresa y su negación.


viernes, 24 de junio de 2011

HISTORIA - 10ª PARTE

Camille sonríe, su amiga la ha acorralado esta vez, ya no tiene donde esconderse, y ya no quiere hacerlo.

-No pensé verte esta noche, ni contarte esto, no es que no confíe, es que no creía poder hallar el momento apropiado – Con un ademán, señala a su amiga que tome asiento – Es una historia extraña, por favor, déjame contártela completa, antes de que hagas alguna observación, no sé como comenzar, ya me conoces y esto no es lo usual en mi, espero sepas comprender.

Suspira hondamente, como si estuviera juntando valor, coraje, a fin de cuentas es solo una historia.

- Cuando Lucien regresó de Inglaterra, lo hizo aún más distante que siempre, y tú, tú ya no estabas para acompañarme, mi soledad hizo que le envié unas líneas, por lo que supongo que regresó sin ganas. Aún así, conseguí que me lleve al Teatro, muy a su pesar. Allí, encontramos a el hijo de uno de los asiduos compañeros de apuestas de Lucien, un tal Julien – su rostro se ruboriza, inevitablemente – pues… como ya te dije en mis cartas, la impresión que me dio desde el inicio fue deslumbrante, sí, no encuentro una palabra más justa, me deslumbró, pero en ese momento no lo supe. Como sabes, él tiene una hermana, Claire, y mis esfuerzos no tenían más fin que el de ganarme su amistad, algo que aplaque mi aislamiento desde tu partida. Lucien los invitó a visitarnos, a cenar, supongo que él también albergaba las esperanzas de que encuentre una buena amiga así él podría marcharse sin preocupaciones, o al menos eso he decido pensar. Ella es muy bella, joven y educada, un poco sosa, si me permites decirlo – Una pequeña risa cómplice se escapa de sus labios – pero al menos me hace compañía. Lamentablemente, Julien me cautivó mucho más que ella. Tardé un poco en notarlo, pero no he podido dejar de pensar en él y en ese día que tomó mi mano tan osadamente, luego de eso todo cambió, ya verla a ella era un excusa para mencionarlo, para estar un poco más cerca de él. Lucien la seguía invitando, al principio eso apaciguaba mis ansias, íbamos al teatro con ella, él fue alguna vez también, salíamos a todas partes con ella – se silencia un momento, dubitativamente – no lo sé, luego de tu carta y tus desconfianzas ya no me sentí tan segura con ella, pero, al menos salía yo de esa casona tan grande, tan vacía y tan apática. Amiga mía, no pude evitar, frenar mis sentimientos por un hombre que no es mi esposo, creo que jamás he sentido por Lucien algo así, tengo esperanzas de verlo, de escucharlo, de volver a sentir su mano en mi mano – se ruboriza más continúa – por eso es que tuve que dejar de verlo, no voy a decir que me haya resultado dificultoso evitar su compañía, pero eso no ha hecho más que magnificar estas extrañas sensaciones que me provoca él sólo evocar sus expresiones. Sé que ya no debo albergarlas, supongo que el tiempo hará lo justo, que definitivamente no es esto. – Toma la mano de su amiga - ¿sabes? En este corto tiempo en el que te fuiste he pensado muchas cosas, y he notado que algunas de ellas no parecen estar bien, sé que no soy nadie para decirlo, pero de verdad, creo que no están bien. No está bien que Lucien me ignore, que me deje sola, que no se preocupe por mi, sé que me compra vestidos y zapatos y sombreros y me consiente en todo lo que le pido, pero… no lo sé… creo que un matrimonio debe de ser más que eso, y viéndolos a Otso y a ti… ¡Dios! Jamás he notado eso entre nosotros, jamás he notado nada de él más que darme dinero. ¿Cómo es que no se preocupa por tener hijos conmigo? ¿es que no quiere un heredero? ¿O al menos una niña a quién consentir? ¿es que ni siquiera le preocupa lo que piensen en los salones? ¿quién soy yo para mi esposo? Debe de haber algo más en la vida que eso… siempre he sido buena esposa, juiciosa, dedicada, delicada, educada, siempre lo he acompañado sin cuestionar ni una de sus decisiones, eso es lo que me enseñaron ¿es que estoy olvidando algo? – Una lágrima cae de sus ojos tranquilamente – No esconderé mis lágrimas, perdona, pero no quiero hacerlo, sé que es tu día, pero por favor, permíteme este desahogo… Y Julien… no lo sé, es todo tan confuso… tan inapropiado, pero él mostró en unos pocos días más interés en mí que mi marido en 2 años, no es una excusa, pero cuando lo ví, comprendí del todo que algo me faltaba, que algo estaba perdido – seca sus lágrimas y poco a poco recobra la compostura apenas perdida - No lo sé… no te preocupes, no volveré a verlo ni le diré nada a Lucien, esta es mi vida, no debería quejarme, perdóname… eso es todo, querida.

Suspira nuevamente, como si la paz hubiera regresado.

sábado, 11 de junio de 2011

Historia - 9ª parte


Todo ha pasado, los invitados se han ido o se han acostado, todos duermen ya, o al menos lo intentan.

- Camille - la voz de Arianne, leve, en susurros, pero Camille la ha reconocido de inmediato. Primero la mano, luego el candelabro - Dime que no te has dormido aún, esto es horrible, no hemos podido hablar en todo el día.

Entra, ella y su largo camisón, el sonido de sus pies descalzos contra el suelo; cierra la puerta tras de sí.

- No, - la interrumpe, sabe perfectamente lo que le va a decir - no te preocupes, Otso y yo hemos acordado que aunque la boda ya se haya celebrado dormiremos en alcobas separadas hasta que todos se hayan ido. No temas interrumpir nada. No tendré noche de nupcias hasta que mamá se vaya.

Se ríe a carcajadas nerviosas. Deja el candelabro en la mesilla de noche, alumbrando levemente toda la alcoba.

- Te he visto muy pensativa, te conozco, no finjas. Sé que estoy lejos, que te has acostumbrado a no tenerme cerca, pero te sigo conociendo mejor que a mí misma. Lucien, Julien, Claire... Háblame de ellos por favor, la última carta que intercambiamos resultaba alarmante.


domingo, 5 de junio de 2011

HISTORIA - 8ª PARTE

Justo cuando la pregunta es demasiado justa como para ignorarla o rehuirla, alguien irrumpe en la habitación. Camille no puede evitar temer que sea la madre de Arianne nuevamente, y suspira aliviada al ver a Otso, que, aunque un poco alborotado y confuso, se dirige a ellas amablemente. Sonríe al escuchar que casi llama por ese extraño nombre a su amiga, nota en él un cariño sincero, sabe que serán felices juntos. Él no debería estar observando el vestido, pero su frescura le recuerda a un niño en problemas, no dirá nada por el momento.


Al escuchar las actitudes de aquella que la trajo al castillo, frunce un poco el seño, en pocos días, la imagen impoluta que la madre de Arianne ostentaba ante sus ojos ha ido desvaneciéndose, casi todo su mundo estaba haciéndolo, ¿Tan equivocada había estado? ¿Es que las cosas siempre habían sido tan extrañas, su matrimonio, las personas, los niños, el amor, y ella no lo había notado? No era el momento para esos pensamientos.

-No se preocupe, Monsieur, la situación lo amerita. Ya tendremos tiempo para ponernos al día con su futura esposa. – Una sonrisa cálida acompaña sus palabras.


Arianne hace su aparición, el vestido es maravilloso, se alegra tanto de poder compartirlo con su amiga, el dorado y el cobre de sus cabellos hacen una combinación ilustre. Puede ver en los ojos del prometido como se le ilumina el mundo. Sí, eso es amor. Su amiga aún se encuentra un poco turbada por las palabras de su madre, puede presentirlo, deberá hablar con ella, ahora sabe que es amor, y que el amor no puede ser reprochado ni estar equivocado. Al menos no en unos jóvenes a punto de contraer nupcias.

-No entiendo como las mujeres soportan la vida en sociedad - comenta Otso. Esas palabras no podrían haber llegado en peor momento. De repente, todos sus recuerdos le pesan, debe reprimirlos uno a uno, no es su momento, no, no lo es, ya tendrá tiempo de sobra para pensar cuando la boda acabe y pueda pedir consejo a su amiga, a la valiente, a la viva, a la que siempre sabía seguir su corazón, o cuando regrese a París, a su soledad, a su balcón solitario, a sus quehaceres mecánicos y a su marido ausente. “Yo tampoco puedo comprenderlo ya, pero no importa”, Piensa mientras los enamorados se miran como Lucien y ella jamás se han mirado.

-No saldré ahí afuera hasta que no vengan ambas conmigo. – Anuncia Otso, ambas sonríen cómplices.


-Si Arianne considera que estoy presentable, vayamos. – Mira a Otso orgullosa del cariño que le profesa a su amiga. – No lo hagamos padecer más. No se lo merece.


Se acerca a su amiga y susurra.


-El vestido es tuyo, creo que a todos nos ha encantado en tí.

martes, 24 de mayo de 2011

Historia - 7ª parte


Se vuelve hacia su amiga, antes de adentrarse tras la mampara para cambiarse, con el corsé ya desatado.

- ¿Niños? ¿Felicidad? ¿Nieve? - Queda pensativa y al cabo de unos instantes reacciona.- ¡Lucien! ¡Y Claire! ¡Tienes que contarme! - Vuelve a sonreír entusiasmada, acaba de mandar al olvido todas las lágrimas recientes. - ¿Cómo recibió tu Lucien el viaje sola? ¡Dime que al menos se preocupo porque vinieras sola!

Ha añadido el tú a traición. Sabe que Camille no hablaría tanto de alguien si no fuera importante para ella, y si lo ha mencionado ha sido por algún motivo.

De repente, Otso abre la puerta del dormitorio, atropelladamente, casi sin llamar antes a la puerta:

-Tuone.... ¿Arianne? - corrige rápidamente al ver a Camille, mirándolo.

Se quita el sombrero de copa rápidamente, y sujetando el ala con ambas manos, farfulla una disculpa mientras hace la reverencia.

Observa el vestido de novia de Arianne, sobre la cama, las medias, los zapatos, el liguero. Se detiene en la mampara, y reconoce entonces la mano blanca, de uñas perfectas, recogiendo el vestido sobre ella. Nervioso, da la espalda a ambas mujeres y vuelve a farfulla una disculpa. Sus mejillas encendidas no pueden verse porque está de espaldas, pero retiene en su memoria la imagen del liguero azul sobre el vestido de novia. Carraspea un poco y vuelve a hablar.

- Disculpe, mi ladie, Camille - pronuncia en un perfecto francés - por irrumpir en su alcoba de ésta manera, los criados me dijeron que Arianne se encontraba aquí, y supuse que... Perdone mi falta de modales pero me hallo en una situación desesperada.

Suspira apesadumbrado, agobiado.

- Arianne, te necesito, sal de una vez, te lo ruego, por lo que más quieras, tu madre me está poniendo nervioso, supervisándolo todo, de esa forma tan escrupulosa. - estruja el ala de su sombrero negro nerviosamente, desconoce si hablar así delante de su amiga Camille es algo descortés, pero después de tanto oír hablar de ella siente cierta familiaridad con Camille - me lleva de aquí para allá, habla con todo el mundo... - se obliga a silenciarse. - Todos preguntan por ti.

- Discúlpame, quería venir a ver a mi amiga, hace mucho que no la veo… y he venido a verla… y a hablar un poco con ella. – Suspira, Camille reconoce el suspiro de quien se ata el corsé, que esta vez está por delante del vestido.

- Tranquilo, ya puedes mirar. - Sale por un lado de la mampara, lo mira, con la reciente reprimenda de su madre aún resonando en su mente, a penas lo mira a los ojos por vergüenza. Él la mira, y por un leve instante sonríe.

- Ese vestido… No te lo había visto… estas muy…. – Pronuncia muy levemente hasta apagar el sonido de su voz, carraspea, mira su sombrero y de nuevo mira a Camille. - No entiendo cómo las mujeres soportan la vida en sociedad. - Vuelve a mirar a Arianne de nuevo - necesito llevarte del brazo, tú debes ser el centro de atención y no yo. No saldré ahí afuera hasta que no vengan ambas conmigo.

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A continuación la aparecía de los personajes que aparecen en la historia:

Otso

Otso
(Eicca Toppinen)
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  • Menghapus Goresan Dari Lantai Kayu - Berikut adalah beberapa alasan mengapa banyak kehangatan dan tekstur ke kamar. Hal ini juga akan menghilangkan masalah yang disebabkan oleh goresan lant...
    Hace 5 meses
  • ~**~ - *Podrás infligir en mi corazón una herida mortal, podrás cercenar mis alas, incluso podrás sellar mis parpados.* *Pero nunca, nunca podrás poseer mi voz,...
    Hace 2 años