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martes, 25 de enero de 2011
10
Querida Ariane:
¡Dios mío! Leo y releo tus líneas, me ruborizo y te censuro ¡cómo te has permitido eso!, ya quisiera que estuvieras más cerca para reprenderte fervientemente. Realmente no puedo concebir que te hayas dado esos lujos ¿Mira si ahora no te quiere como esposa? ¿Y si era una prueba y las has fallado? Me duele reprenderte, lo sabes, pero como amiga tengo el deber de decirte que lo que has hecho no es propio ni decoroso, muchos menos correcto. Sé que las culturas son diferentes, pero no creo que a ese punto ¿Es que no te preguntas qué pensará él de tu comportamiento? Sé que habrá sido romántico, como en los libros y las obras, pero debemos tener cuidado, porque esta es la vida real. A pesar de eso, te noto interesada en él, veo que tu percepción de ese atrevido ha cambiado y eso sí es lo justo, ya que será tu marido (si es que aún no lo has espantado), y esos nuevos aires comienzan a sentarle a tu espíritu (quizás demasiado) eso quita la sombra de mis días, pues tu dicha es mi dicha, amiga.
No he vuelto a ir al teatro, pero lo que me cuentas de Cosette es tremendo ¡yo nunca me entero de nada! Vivo en y para esta casa, son casuales mis oídas, espero que ese inglés no sea tan frío como Lucien dice que son todos ellos, pobre de ella sino. Veré si me comentan algo más de su vida, así te la remito, por lo pronto no sé más nada, fuera de que su actuación fue tan magistral como siempre, no pude hablarle ni felicitarla por ir del brazo con Julien ¡Qué tonta he sido!
Lucien ha decido quedarse una semana más, igual pasa poco tiempo en la casa, me deja en compañía de Claire y se va con sus negocios, a veces nos acompaña, prefiero que no lo haga, ya que siempre habla él y me deja callada, sé que tengo poco que decir, últimamente mi vida son sólo ilusiones que a nadie más que a ti puedo contar y que trato de sosegar. Estuve pensando en lo que me adviertes sobre esta niña y mi marido, lo he pensado mucho, pero creo y espero que sea solamente esa necesidad apremiante de conseguirme una amiga para que lo deje tranquilo con sus cosas y no lo moleste, no creo ser una mala esposa o darle motivos para semejante bajeza de todas maneras tendré los ojos abiertos y me preocuparé por servirle como debo.
Ese último detalle me lleva a contarte que, por más que piense a diario en Julien, he decidido no tener más contacto con él. Lo he evitado deliberadamente, incluso ayer en la tarde, cuando vino por su hermana sólo le dirigí la palabra lo justo y necesario y me retiré rápidamente ¡estaba tan radiante!, me atrevería a decir que al notarme tan fría su semblante cambió, se ensombreció, supongo que sólo es una idea mía y un reflejo de mi sentir. Hoy Lucien los ha invitado (a él y a su hermana) a dar un paseo y me he excusado para no verlo. Ellos están paseando y yo escribiéndote, creo que es lo mejor. Debo dedicarme a mi casa, a mi esposo y a mis quehaceres como siempre he hecho y dejar las pasiones para el arte y para tus viajes en carruaje, esa vida no está hecha para mi no sé en qué pensaba no lo sé, pero sea lo que sea se ha acabado.
Tenía para estrenar hoy un precioso vestido verde esmeralda con el sombrero a juego que encargué el día que ese carruaje te llevó al barco, ha quedado ahí, sobre la cama, no he dejado que la criada lo saque, al menos quiero verlo, ya que no puedo usarlo me consuela saber que nada ha pasado a mayores y que podré aprovechar que Lucien se queda conmigo para encausar mi mente.
Creo que viajaré a la boda con tu madre, no quiero perderme tu gran momento y los detalles que tanto resguardas. Mañana, cuando pueda decir que me siento mejor, iré a verla, dudo que Lucien tenga alguna objeción.
Espero prontas noticias tuyas, querida que no tarden en llegar
¡Dios mío! Leo y releo tus líneas, me ruborizo y te censuro ¡cómo te has permitido eso!, ya quisiera que estuvieras más cerca para reprenderte fervientemente. Realmente no puedo concebir que te hayas dado esos lujos ¿Mira si ahora no te quiere como esposa? ¿Y si era una prueba y las has fallado? Me duele reprenderte, lo sabes, pero como amiga tengo el deber de decirte que lo que has hecho no es propio ni decoroso, muchos menos correcto. Sé que las culturas son diferentes, pero no creo que a ese punto ¿Es que no te preguntas qué pensará él de tu comportamiento? Sé que habrá sido romántico, como en los libros y las obras, pero debemos tener cuidado, porque esta es la vida real. A pesar de eso, te noto interesada en él, veo que tu percepción de ese atrevido ha cambiado y eso sí es lo justo, ya que será tu marido (si es que aún no lo has espantado), y esos nuevos aires comienzan a sentarle a tu espíritu (quizás demasiado) eso quita la sombra de mis días, pues tu dicha es mi dicha, amiga.
No he vuelto a ir al teatro, pero lo que me cuentas de Cosette es tremendo ¡yo nunca me entero de nada! Vivo en y para esta casa, son casuales mis oídas, espero que ese inglés no sea tan frío como Lucien dice que son todos ellos, pobre de ella sino. Veré si me comentan algo más de su vida, así te la remito, por lo pronto no sé más nada, fuera de que su actuación fue tan magistral como siempre, no pude hablarle ni felicitarla por ir del brazo con Julien ¡Qué tonta he sido!
Lucien ha decido quedarse una semana más, igual pasa poco tiempo en la casa, me deja en compañía de Claire y se va con sus negocios, a veces nos acompaña, prefiero que no lo haga, ya que siempre habla él y me deja callada, sé que tengo poco que decir, últimamente mi vida son sólo ilusiones que a nadie más que a ti puedo contar y que trato de sosegar. Estuve pensando en lo que me adviertes sobre esta niña y mi marido, lo he pensado mucho, pero creo y espero que sea solamente esa necesidad apremiante de conseguirme una amiga para que lo deje tranquilo con sus cosas y no lo moleste, no creo ser una mala esposa o darle motivos para semejante bajeza de todas maneras tendré los ojos abiertos y me preocuparé por servirle como debo.
Ese último detalle me lleva a contarte que, por más que piense a diario en Julien, he decidido no tener más contacto con él. Lo he evitado deliberadamente, incluso ayer en la tarde, cuando vino por su hermana sólo le dirigí la palabra lo justo y necesario y me retiré rápidamente ¡estaba tan radiante!, me atrevería a decir que al notarme tan fría su semblante cambió, se ensombreció, supongo que sólo es una idea mía y un reflejo de mi sentir. Hoy Lucien los ha invitado (a él y a su hermana) a dar un paseo y me he excusado para no verlo. Ellos están paseando y yo escribiéndote, creo que es lo mejor. Debo dedicarme a mi casa, a mi esposo y a mis quehaceres como siempre he hecho y dejar las pasiones para el arte y para tus viajes en carruaje, esa vida no está hecha para mi no sé en qué pensaba no lo sé, pero sea lo que sea se ha acabado.
Tenía para estrenar hoy un precioso vestido verde esmeralda con el sombrero a juego que encargué el día que ese carruaje te llevó al barco, ha quedado ahí, sobre la cama, no he dejado que la criada lo saque, al menos quiero verlo, ya que no puedo usarlo me consuela saber que nada ha pasado a mayores y que podré aprovechar que Lucien se queda conmigo para encausar mi mente.
Creo que viajaré a la boda con tu madre, no quiero perderme tu gran momento y los detalles que tanto resguardas. Mañana, cuando pueda decir que me siento mejor, iré a verla, dudo que Lucien tenga alguna objeción.
Espero prontas noticias tuyas, querida que no tarden en llegar
Con cariño,
Camille
Camille
sábado, 8 de enero de 2011
9
Querida Camille:
Tu carta me llena de desasosiego, ni se te ocurra la sola idea de confiar en Claire... por la manera en que la describes, por su cercanía contigo y con Lucien sobre todo.... no pienso nada bueno de ella. Sé que estoy muy lejos, que mis palabras no tienen fundamento alguno, pero no me gusta que de repente sea tan cercana ¡Qué descarado el de Lucien! Animarse a salir tanto, coincidiendo siempre con que ella también sale. ¡No me gusta Camille! Ten mucho cuidado mi querida amiga.
¡Cosette! ¡La viste! Adoro a esa mujer, su porte, su vanidad, su seguridad en sí misma.... la he envidiado muchísimas veces. ¿Hablaste con ella al terminar la función? dicen que está medio liada con un caballero inglés. ¡No te lo dije! ¡Con el embrollo de mi marcha se me olvidó contarte un cotilleo de última hora! Antes de marcharme, una de las criadas, conocedora de mi admiración por Cosette, me comentó que su hermano servía en la casa de ese inglés y que ella era muy temperamental. Al parecer hubo una discusión muy acalorada. No puedo evitar sonreír al imaginarla, a ella, que tantas veces nos ha hecho derramar lágrimas en el teatro.
Con respecto a las manos de Julien y las tuyas, mi sentido me llama a reprenderte alarmantemente ¡Cómo es posible! Dejar que ese hombre te estreche las mano ¡Y con fervor! ¡Camille! ¡Eres una mujer casada!
Sin embargo, mi corazón me dice que te dejes llevar, te siento tan alegre cuando hablas de él que no me importaría que fuera más impetuoso y te sacara de ese lugar dónde Lucien te tiene encerrada. Sí, sé que no debería decirlo, pero querida mía, mi querida amiga... mereces más.... mereces vivir... ¡Vive!
Sobre mis momentos apasionados, no padezcas querida, no han vuelto a pasar ningún momento de alcoba, Otso ha vuelto a ser el mismo silencioso y soso de siempre, solamente nos vemos cuando está padre delante, y rara vez me dirige la palabra. Las pocas veces que estamos asolas es un hombre completamente diferente. Creo que se siente cohibido por la presencia de Padre.
A mí tampoco me gusta que me llame Diosa de los muertos, o algo semejante, pero ese tono, ese momento... creo que en ese momento sentí algo de amor, o fervor, no consigo diferenciarlos con esa mirada siempre clavada en mi cuerpo.
¡Decírselo a mi padre! ¿Explicarle que muy avanzada la noche, terminé en su alcoba? ¡Dios mío! Imposible Camille, no podría decírselo, se me caería la cara de vergüenza, me sonrojo cada vez que me recuerdo allí dentro.
Así que tengo pensamientos pecaminosos, no puedo evitar reírme, quizás sí, quizás mis pensamientos sean más pecaminosos que los de Otso. Sin embargo su comportamiento me resulta excitante, tan vasto, tan primitivo y tan parco en palabras.
Ayer lo convencí para que nos acercáramos a la ciudad más cercana y buscar un vestido para mí.
Me dijo: - No puedo servirte de mucha ayuda, mi madre falleció prematuramente, carezco de hermanas - algo que yo ya sabía porque Padre me contó un poco su historia antes de llegar al castillo - las preferencias femeninas me son muy lejanas.
Le respondí que necesitaba saber qué opinaba mi futuro esposo de mis gustos. Creo que estaba flirteando en aquel momento, aunque no fui consciente de ellos (te lo prometo, sabes que o soy ninguna fresca) él sonrió y asintió. ¡Camille! tiene una hermosa sonrisa, con dos hoyuelos perfectos. No la había visto aún.
Padre se quedó y fuimos ambos, a solas, a buscar unos vestidos adecuados a éste clima ¡Y zapatos! ¡Sabes cuánto adoro los zapatos!
¡Voy a intentar trascribirte todo lo que pasó en ese carruaje! Aun a riesgo de resultar pesada y extensa. ¡Necesito contártelo!
- Van a venir muchos de mis familiares, así que creo que tendrás que utilizar mi nombre, ese nombre que no sé si recuerdas y que es el mío. – Le dije rompiendo el silencio de los primeros minutos de viaje.
- Lo recuerdo perfectamente.
- Dilo.
- No.
- ¿Tan feo te resulta mi nombre?
- Tu nombre no es ese. Ya te expliqué por qué ¿Lo recuerdas? - y sus ojos, de nuevo, palpitándome.
- Lo recuerdo. - Sentí calor en mis mejillas, sentí el sonrojo por todo mi rostro.
Después de un largo e intenso silencio me susurró de nuevo.
- Está bien, sólo por unos días, te llamaré como quieras. Pero no volveré a pronunciar ese nombre. ¿Satisfecha?
- No lo sé. – Aunque aquella respuesta no era por su pregunta sino por éste matojo de situaciones en las que me siento muy confusa.
Me miró, creo que me miró como si me quisiera, no sabría cómo explicártelo… me miró… como se mira a alguien que amas. Me tomó de la mano (mi mano desnuda, mi mano fría, mi mano sin guante alguno) y se acercó a mí, como la otra noche, sin siquiera pensarlo.
- Tuonella no te preocupes, todo saldrá bien… es sólo que… siempre he estado solo… y no me acostumbro a ver algo tan hermoso tan cerca de mí.
Me besó, yo no quería mirarlo cuando me susurraba todo aquello, no quería, pero su mano…y entonces me besó y ahora me sonrojo, porque creo que no te gustará, pero necesitaba contarte, hacerte partícipe de ese momento tan extraño para mí. Sus labios, carnosos y tibios entre los míos, una y otra vez hasta que llegamos a la ciudad. Estoy asustada.
Con cariño:
Tu carta me llena de desasosiego, ni se te ocurra la sola idea de confiar en Claire... por la manera en que la describes, por su cercanía contigo y con Lucien sobre todo.... no pienso nada bueno de ella. Sé que estoy muy lejos, que mis palabras no tienen fundamento alguno, pero no me gusta que de repente sea tan cercana ¡Qué descarado el de Lucien! Animarse a salir tanto, coincidiendo siempre con que ella también sale. ¡No me gusta Camille! Ten mucho cuidado mi querida amiga.
¡Cosette! ¡La viste! Adoro a esa mujer, su porte, su vanidad, su seguridad en sí misma.... la he envidiado muchísimas veces. ¿Hablaste con ella al terminar la función? dicen que está medio liada con un caballero inglés. ¡No te lo dije! ¡Con el embrollo de mi marcha se me olvidó contarte un cotilleo de última hora! Antes de marcharme, una de las criadas, conocedora de mi admiración por Cosette, me comentó que su hermano servía en la casa de ese inglés y que ella era muy temperamental. Al parecer hubo una discusión muy acalorada. No puedo evitar sonreír al imaginarla, a ella, que tantas veces nos ha hecho derramar lágrimas en el teatro.
Con respecto a las manos de Julien y las tuyas, mi sentido me llama a reprenderte alarmantemente ¡Cómo es posible! Dejar que ese hombre te estreche las mano ¡Y con fervor! ¡Camille! ¡Eres una mujer casada!
Sin embargo, mi corazón me dice que te dejes llevar, te siento tan alegre cuando hablas de él que no me importaría que fuera más impetuoso y te sacara de ese lugar dónde Lucien te tiene encerrada. Sí, sé que no debería decirlo, pero querida mía, mi querida amiga... mereces más.... mereces vivir... ¡Vive!
Sobre mis momentos apasionados, no padezcas querida, no han vuelto a pasar ningún momento de alcoba, Otso ha vuelto a ser el mismo silencioso y soso de siempre, solamente nos vemos cuando está padre delante, y rara vez me dirige la palabra. Las pocas veces que estamos asolas es un hombre completamente diferente. Creo que se siente cohibido por la presencia de Padre.
A mí tampoco me gusta que me llame Diosa de los muertos, o algo semejante, pero ese tono, ese momento... creo que en ese momento sentí algo de amor, o fervor, no consigo diferenciarlos con esa mirada siempre clavada en mi cuerpo.
¡Decírselo a mi padre! ¿Explicarle que muy avanzada la noche, terminé en su alcoba? ¡Dios mío! Imposible Camille, no podría decírselo, se me caería la cara de vergüenza, me sonrojo cada vez que me recuerdo allí dentro.
Así que tengo pensamientos pecaminosos, no puedo evitar reírme, quizás sí, quizás mis pensamientos sean más pecaminosos que los de Otso. Sin embargo su comportamiento me resulta excitante, tan vasto, tan primitivo y tan parco en palabras.
Ayer lo convencí para que nos acercáramos a la ciudad más cercana y buscar un vestido para mí.
Me dijo: - No puedo servirte de mucha ayuda, mi madre falleció prematuramente, carezco de hermanas - algo que yo ya sabía porque Padre me contó un poco su historia antes de llegar al castillo - las preferencias femeninas me son muy lejanas.
Le respondí que necesitaba saber qué opinaba mi futuro esposo de mis gustos. Creo que estaba flirteando en aquel momento, aunque no fui consciente de ellos (te lo prometo, sabes que o soy ninguna fresca) él sonrió y asintió. ¡Camille! tiene una hermosa sonrisa, con dos hoyuelos perfectos. No la había visto aún.
Padre se quedó y fuimos ambos, a solas, a buscar unos vestidos adecuados a éste clima ¡Y zapatos! ¡Sabes cuánto adoro los zapatos!
¡Voy a intentar trascribirte todo lo que pasó en ese carruaje! Aun a riesgo de resultar pesada y extensa. ¡Necesito contártelo!
- Van a venir muchos de mis familiares, así que creo que tendrás que utilizar mi nombre, ese nombre que no sé si recuerdas y que es el mío. – Le dije rompiendo el silencio de los primeros minutos de viaje.
- Lo recuerdo perfectamente.
- Dilo.
- No.
- ¿Tan feo te resulta mi nombre?
- Tu nombre no es ese. Ya te expliqué por qué ¿Lo recuerdas? - y sus ojos, de nuevo, palpitándome.
- Lo recuerdo. - Sentí calor en mis mejillas, sentí el sonrojo por todo mi rostro.
Después de un largo e intenso silencio me susurró de nuevo.
- Está bien, sólo por unos días, te llamaré como quieras. Pero no volveré a pronunciar ese nombre. ¿Satisfecha?
- No lo sé. – Aunque aquella respuesta no era por su pregunta sino por éste matojo de situaciones en las que me siento muy confusa.
Me miró, creo que me miró como si me quisiera, no sabría cómo explicártelo… me miró… como se mira a alguien que amas. Me tomó de la mano (mi mano desnuda, mi mano fría, mi mano sin guante alguno) y se acercó a mí, como la otra noche, sin siquiera pensarlo.
- Tuonella no te preocupes, todo saldrá bien… es sólo que… siempre he estado solo… y no me acostumbro a ver algo tan hermoso tan cerca de mí.
Me besó, yo no quería mirarlo cuando me susurraba todo aquello, no quería, pero su mano…y entonces me besó y ahora me sonrojo, porque creo que no te gustará, pero necesitaba contarte, hacerte partícipe de ese momento tan extraño para mí. Sus labios, carnosos y tibios entre los míos, una y otra vez hasta que llegamos a la ciudad. Estoy asustada.
Con cariño:
Arianne
P. D: Los preparativos de la boda van muy bien, he invitado a todos los que he podido, quiero que vean mi castillo y presumir, aunque sea una vez. ¿Puedo ser vanidosa al menos una vez? No quiero contarte nada más ¡prefiero sorprenderte!
jueves, 16 de diciembre de 2010
8
Querida Arianne:
Lamento tener que decirte estas palabras que tal vez te llenen de tristeza, pero no sabes la falta que me haces, no tengo a quién hacerle semejantes confidencias… eres mi única confianza.
Como te dije, hemos ido al teatro hace algunas noches, con Lucien, Claire y Julien. Ella y él se pasaron hablando toda la obra mientras Julien y yo mirábamos como posesos la perfecta interpretación de Cosette, ¿Recuerdas? Esa actriz que tanto te gusta. En un momento, el más romántico de todos nos quedamos solos y él tomó mi mano con fervor ¡Ay! Querida, no pude detenerlo, en el palco a oscuras me susurró algunas palabras que no termino de comprender… no me atreví ni a preguntarle ni a apartarlo. Enseguida llegaron Lucien y Claire muy animados, ella sonrió al ver mis mejillas rojas, pero debo agradecer a la providencia que haya hecho comentario alguno. Al salir, pidió llevarme del brazo a Lucien, él asintió sin reparos y tomó a su hermana amablemente, a veces es tan bueno ayudándome a trabar amistad con ella, se lo agradecí, mi sonrisa lo hizo.
No sabes la esperanza que me da el saber que estás sintiéndote mejor en ese lugar tan nevado y pensar que podré verlo pronto, Lucien ha retrasado su viaje a Inglaterra y creo que podremos discutir el viaje una vez más. Debería reprenderte por esos momentos tan apasionados ¿cómo dejas que te toque así? Comprendo que será tu marido en breve, pero si sigues tan dadivosa podría rechazarte… lo sabes, ¿Cuántas veces debo decirte?... pero no puedo, no estoy libre de manchas… y no hago más que pensar en él y en su mano tibia, en su brazo augusto, en su sonrisa de aire y su voz de barítono. Pero, lo poco que queda de orgullosa mujer casada te reprende… por favor, cuidate.
No me ha gustado que te llame reina de los muertos, dios, ahora empiezo a creer que ese hombre es horroroso, no deberías permitirlo, es insultante. La verdad, no sé que ya no puedo hacerme una clara idea de él, pero si será tu marido mejor que vayas acomodando un poco las situaciones. ¿se lo dijiste a tu padre? Te lo recomiendo. Como reitero que no deberías verte a solas y así con él ni tener esos pensamientos que rayan lo pecaminoso. Supongo que para mi ahora valen también esas palabras.
Hoy vendrá Claire a cenar, Lucien la ha invitado, ayer también, está trabajando mucho en nuestra amistad, pero creo que él la atesora un poco más que yo, al menos y aunque sea extraño no se irá pronto y me mantiene ocupada con sus ocurrencias y me compra cosas bonitas.
Deberías irme contando algunos preparativos de la boda, así despejo mi mente de este extraño que ahora ocupa mis días… ¡es tan difícil y tan extraño no entender que está mal! No sé por qué así lo siento, pero no puedo evitarlo, desearía que él sea mi confidente, pero los hombres no pueden hacerlo. Si lo conocieras… Debo dejar de pensarlo.
Creo que esta emoción que notas no es nada bueno. Si sólo estuvieras aquí…
Con Cariño,
Camille.
martes, 14 de diciembre de 2010
7
Camille, querida mía:
Deberías ver las vistas desde mi ventana, un paisaje nevado, lleno de árboles gélidos y lagos congelados. Montañas y montañas de árboles. Amanece, apenas he dormido.
No he podido evitar responderte en cuanto he leído tu carta. Me ha alegrado tanto sentirte tan alegre y vivaz.
Advierto algo diferente en tu última misiva, por primera vez, te siento emocionada. Lucien, siempre sosegado, cordial y dentro de la medida de lo educado, incluso en casa contigo, parece despertar de un sueño querida.
Me alegra que hayas encontrado en Claire una amistad mejor que la mía, que de momento te resulta inútil para tus necesidades diarias.
En cuanto a ese señor Julien, por favor, no le pierdas la pista, no tengas miedo de la admiración que le profesas, te conozco y sé que temes... pero creo que te hace bien. Espero sigas escribiéndome sobre él.
Mi querida amiga, en un par de semanas será ya mi boda, y espero que vengas, con madre, o con Lucien, pero ven.
He de decirte que he averiguado qué significa ese nombre, aunque creo que no te gustará; a mí me desagrada por más que lo pienso, pero la forma en la que me lo dijo me resultó muy romántica.
Anoche me levante sedienta, y como los sirvientes aún son incapaces de entenderme, me negué a recurrir a padre; así que con mi candelabro, salí en busca de la cocina para poder beber un poco de agua. Pasaba frente al dormitorio de Otso cuando abrió la puerta y me miró con esos ojos, sus ojos.
No grité, pero quise hacerlo, creí que me devoraría, pero sopló la única vela de mi candelabro, y me introdujo en su alcoba.
Sí, estoy segura de que ahora profesarás una exclamación a medida que estás leyendo mi carta, pero sigue....
Me abrazó, todo él, grande y frío. Me abrazó como si me fuera a romper, y susurró ese maldito nombre. "Tuonella". Me sentí hundida en ternura y le respondí "Dime... ¿Qué significa ese nombre?" Era tan cálido, tan acogedor... que creí que era otro hombre y no él, "¿Estás segura de que quieres saberlo?" me dijo. Yo sonreí, "Sí me vas a llamar por ese nombre y no por el mío propio.... me gustaría saber por qué". Y se quedó allí, callado, abrazado a mí, contra la puerta de su alcoba.
"Tuonella es el nombre del reino de los muertos." Iba a protestar cuando me tapó los labios "tu pelo tiene el color de las llamas, rojo... rojo... y tus ojos negros... jamás había visto algo tan hermoso..."
¿Es el amor una fantasía o un fervor?
Estoy exhausta.
Con cariño:
Arianne
martes, 7 de diciembre de 2010
6
Querida Arianne:
¿Ya ves que todo va mejorando? Tal vez sólo malinterpretas a ese pobre hombre, quizás sus costumbres y no su mal carácter sean el fruto de lo que temes, ya ves que has tirado los platos y no ha dicho nada… cierto que es que Lucien tampoco lo hubiera hecho, pero, sabemos que a ál lo mueven otras cosas, más bien la despreocupación… Tu padre siempre haciendo tan maravillosos trabajos a tu bien, por eso es que creo que deberías darle a Otso una oportunidad.
He hablado con Lucien por tu boda y el viaje, dice que no sabe si va a estar disponible en esas fechas, pero que tal vez pueda viajar con otra compañía, honestamente me preocupa que no quiera acompañarme, mas espero poder ir de alguna u otra manera, tu descripción del frío y de las gentes me ha dado mucha curiosidad, sin olvidar que quiero estar a tu lado en un momento tan importante como ese. Tu madre me ha contado que, como también me has dicho, irá a tu boda… tal vez pueda viajar con ella si Lucien se niega a ir.
Querida amiga, debo reprenderte… ¡las cosas que estás pensando! Sabes que no debes imaginar ni a tu marido ni a ningún hombre en la cama! ¿Cuántas veces debo decirtelo? Mas… no puedo hacerlo, pues la vergüenza empaña mis letras. Has leído lo que he tratado de ocultar sobre Julien… y eso no es todo.
Como te dije, Lucien planeó una cena en la casona con Julien y su hermana, Claire, una niña de muy buenos modales y adorables cabellos rizados, tendrá unos años menos que nosotras, como mucho, ayer ha venido a tomar el desayuno con nosotros, sí, nosotros, milagrosamente Lucien se nos unió sin aviso, creo que ella será una buena amiga ahora que ya no estás… Perdona los rodeos, es que me aveguenza mucho… pero Julien ¡Qué caballero!. ¡Qué educación!, ¡Qué porte! Sus modales y su amabilidad han sido infinitos, su elocuencia nos ha superado ampliamente.
Recuerdo y me sonrojo… justo cuando Lucien se dio a sus tabacos una vez más y yo salí al balcón, su hermana se quedó en el salón pero ¡él me siguió! Hablamos de poesía, de teatros y obras, de novedades científicas… ¡es tan prodigioso y osado! ¿Puedes creer que se atrevió a rozar mi mano? Fui poca dama, no referí a nadie del hecho, lo sé, pero no lo tomé a mal, no creo que haya sido más que un signo de amistad o un accidente. ¿No crees? No hay entonces por qué tomarlo a mal.
Julien también me comentó que pronto se estrenará una nueva obra, pediré a Lucien que me lleve antes de parir nuevamente, ha dicho que saldrá esta misma semana, se ha puesto un poco contento con mi nueva amiga, Claire, incluso la invitó nuevamente esta tarde, creo que al fin de ha dado cuenta que estoy muy sola y es un alivio.
Ahora debo irme a encargar unos nuevos vestidos, he convencido a Lucien de que mi ropa no es suficiente y gracias a un bello comentario de Julien hasta logré que me acompañe su hermana.
Por favor, trata de averiguar qué significa esa extraña palabra, verás que es algo bello, yo creo que tu padre, que tanto te ama, sabe que esto es lo mejor para ti.
Con Cariño.
Camille.
P/d: Lucien ha accedido a ir al teatro, Claire se lo ha pedido luego de llegar con los encargos de los vestidos y él no ha podido negarse, también llevará a su hermano… ¡Estoy tan dichosa! Y debo decir en mi defensa que es por la obra.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
5
Querida Camille:
Esperaba que me llamaras exagerada, he sonreído cariñosamente al leerte... esperaba eso de ti, necesitaba tu aplomo, tu valor y tu paciencia en éstas situaciones. Las necesitaba fervientemente querida mía.
Ya estoy más tranquila, no sé por qué, pero éste hombre parece más gentil y amable conmigo. Creo que padre ha mantenido una conversación con él después de lo sucedido la otra noche: por error, cenando, terminé tirando un par de copas al suelo y Otso se levantó repentinamente. Me asusté tanto que grité y me tapé la cara como un animal acorralado. Quizás fui muy exagerada. Pero tenías que haberlo visto, tan grande como es, tan fuerte.... y yo tan pequeña, ya sabes cómo soy. Se marchó pensativo y no volví a verlo en un par de días. A la mañana siguiente había un ramo de flores, metidas en un jarrón, esperando en mi mesilla de noche. ¿Es esto algo romántico? Creo que prefiero odiarlo, y tenerle miedo que amarlo. No quiero amar a alguien tan rudo… No quiero.
Su mirada me sigue inquietando, y me ruborizo cuando escribo esto pero creo que la noche de nupcias, éste hombre me devorará como un animal. ¡No te escandalices por mi proclamación! Siempre que digo alguna barbarie poco digna de una dama me reprendes…. Pero ahora está justificado porque dentro de poco seré la mujer de un bárbaro. Acostúmbrate.
Padre me ha comunicado que no se marchará hasta que nos casemos y que madre vendrá a la boda. También me ha dicho que está enseñando a hablar francés a algunas criadas para que no me sienta tan sola. Me siento mal con él, mi supuesto bienestar le da muchísimo trabajo.
Querida, siento decirte que lo me comentas sobre Lucien no es algo fuera de lo común, siempre me has hablado de ello, aunque en tus letras siento cierta amargura que a viva voz habías logrado dominar y disimular. Me apena imaginarte desayunando sola ¿Recuerdas las mañanas en las que acudía sin avisar a tu casa para que desayunáramos juntas? Necesitas otra amiga como yo que haga eso y te saque de casa y de los quehaceres... Promete que buscarás alguna. Odio verte tan aburrida.
¿Madelaine? ¿La mujer del conde? ¿Otro hijo? Dios mío.... ¿Tres? ¿Pero cuánto hace del último? apenas un año...
Así que Julien... siento advertirte que he podido leer la palabra tachonada y que no te guardo rencor. Conociendo tus gustos, o lo que he podido dilucidar de ellos, advierto que será un hombre muy apuesto... Pero no diré nada, aunque me encantaría preguntarte sobre él, y sobre qué tal fue la noche y qué tal es su hermana.... pero no lo diré, fingiré que no he leído la palabra tachonada si lo prefieres así.
Por favor Camille, dime que vendrás a mi boda, nada me haría más feliz.
Con cariño:
Arianne
P.D.: Sigo sin sonsacarle qué significa ese nombre por el que me susurra. Ni siquiera me nombra cuando se refiere a mí, solamente me susurra ese nombre y yo tengo que responderle. Lo odio. En mitad de mi misiva, ha irrumpido en mi alcoba sin llamar antes a la puerta o anunciarse y me ha susurrado ese maldito nombre: “Tuonella… dime… a quién escribes”. Con su voz grave y esos ojos…. He procedido a explicarle que escribo a mi amiga Camille, me ha dicho “perfecto” Y se ha marchado.
lunes, 29 de noviembre de 2010
4
Querida Ariane:
Lamento leer estas líneas… lamento que te sientas así y no poder tenderte mi mano. ¿En realidad es tan malo? Me cuesta creer que tengas que pasar por esos momentos… ¿No será que tu disposición no es la mejor? Amiga, no vislumbres regaños en mis palabras ¡es qué estamos tan lejos y no puedo ver tus ojos!
Lucien ha regresado de Inglaterra ayer, cada día lo percibo más lejano, no lo resiento, al menos me deja sobrado tiempo para mí, tal vez demasiado. Ayer fuimos al teatro al fin, él apenas lo disfrutó pero yo no pude dejar de aplaudir ¡tanta vida en París y yo tan lejana de ella! Encontramos al salir a Madelaine, que parece estar esperando a su tercer hijo y a un tal Julien, Lucien lo ha invitado a cenar esta noche, no debería pensarlo y menos escribirlo, pero él es tan bello inteligente y caballeroso; vendrá con su hermana, espero ella sea amable y apague mi soledad.
Hablaré con mi marido de ser posiblle esta misma tarde, sigo con la firme idea de viajar a tu boda y ahora que me has facilitado la fecha puedo comentárselo, no ha pasado mucho tiempo en casa, todavía desayuno sola y apenas me dirige palabra. Sabes que no me considero una mala esposa y no me agradan las quejas, mas no sé como tomar esta situación.
Tu madre me ha preguntado cómo estás y no he sabido que contestarle, realmente estoy preocupada por ti, Ariane, y lo que me cuentas de este hombre no hace más que reafirmar mis dudas. ¿Por qué no hablas con tu padre? ¿No será que simplemente son las formas cordiales que allí se estilan? ¿Estás segura que las cosas son como las ves y no es la tristeza la que empaña tus días?
Con Cariño,
Camille.
viernes, 26 de noviembre de 2010
3
Querida Camille:
Gracias por apresurarte tanto en responder a mi misiva, me ha alegrado tanto leerte…. Me llevas de nuevo a nuestras costumbres, a nuestras charlas. Querida mía, eres mi contacto con la realidad.
Como vaticiné, tengo el alma hecha añicos acumulada en los pies, se arrastra vagamente por el suelo. Sé que nunca podrás llegar a entender mi sufrimiento. Disculpa las palabras borradas y la mala letra, no mantengo un estado de ánimo sereno, creo que jamás podré volver a mantenerme serena.
Te contaría que me alegra que París siga igual, incluso intentaría animarte y acompañar tu soledad con algunas palabras de consuelo, pero ni siquiera puedo encontrarlas para mí.
Quiero morir, Camille. Ahora entiendo por qué éste hombre no ha conseguido esposa, ahora lo entiendo todo... es un hombre muy grande, musculoso y rudo... tiene el pelo del mismo color cobrizo que el tuyo, largo.... y unos ojos azules, o quizás verdes... no lo sé.... me da miedo mirarlo, sus ojos me observan como si quisieran devorarme salvajemente. Creo que si no estuviera padre lo haría.
La boda (o mejor dicho mi sentencia de muerte) se ha acordado para el mes que viene. He seguido tu consejo y finjo sonreír cuando esta padre delante.
Estoy tan sola. Finlandia es un lugar muy frío, nieva... y yo no lo soporto, la melancolía se me comerá, el frío me cala hasta los huesos.
Él... habla un francés perfecto, aunque no hemos conversado demasiado, no es hablador por lo que he comprobado, su nombre es Otso. Nunca me llama por mi nombre, apenas me habían rozado sus ojos claros cuándo susurró "Tuonella", y aún no he conseguido saber qué significa. Me miró, como se mira a un animal, como debe de mirar el León segundos antes de dar el mordisco de gracia.
Aquí nadie habla mi idioma, solamente él, y Padre. Cuando Padre se marche me quedaré aquí sola, en éste castillo inmenso sacado de la historia de Romeo & Julieta, pero que carece totalmente de Romeo, y también de Julieta.
Un afligido y terriblemente apesadumbrado abrazo.
Con cariño:
Arianne
martes, 23 de noviembre de 2010
2
Querida Arianne:
Comprendo la preocupación de tu padre al verte tan triste, no creas que él no lo nota… con esto no anhelo pedirte que le mientas, pero al menos trates de ser más benévola con él, con sus decisiones y tu destino. Ya verás que ese hombre no ha de ser malo, y en esta vida no hay nada que no se compense con un poco de gracia. El viaje no será tan breve, tal vez puedas mejorar tu ánimo o conocer alguna persona digna de admiración y respeto.
París sigue igual de vivo, más poco lo veo. Quería asistir al teatro, mas Lucien aún no ha regresado y no es propio de una dama salir en las noches sin su marido, así que me conformo con leer algunas obras, ¿Podrías recomendarme alguna? así no es tanto el tiempo en soledad ahora que tú tampoco estás. Estaba pensando incluso en remodelar un poco la casa, o los jardines, así ocupo mi tiempo. No vayas a creerme ociosa, es sólo que nada parece suficiente, ¡la casa es tan grande y estoy tan sola! A veces me propongo hacer algunas cosas, pero termino desistiendo, pensando en qué puede o no puede hacer una mujer en mi situación.
Pensaba incluso en poder asistir a tu boda, de todas maneras ya he encargado algunos regalos que sé, estoy segura, serán de tu agrado.
Trata, por favor, de animarte un poco, a pesar de los tachones, (no te preocupes por ellos, sabes que tenemos confianza), he leído algunas palabras borroneadas… no te refugies en la desdicha, siempre te tendrás, y tendrás hermosos recuerdos.
Lamento no tener más noticias desde tu partida, y espero ansiosa alguna sonrisa desde el mar.
Un abrazo, querida.
Camille.
P/d: no quiero decirlo por no ensombrecer más tus ojos, pero no puedo evitarlo, ¡verte partir ha sido tan injusto!
domingo, 21 de noviembre de 2010
1
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| By ijakopen |
Mi querida amiga:
La distancia no será una excusa, bien lo sabes querida, bien lo sabes. Ya echo de menos el olor y la luz de París, pero no quiero llenar mis cartas de autocompadecencia, ni tampoco de quejas absurdas de niña mimada, voy a ser una mujer casada y madre me dijo que tengo que dominar mi carácter para hacer feliz a mi futuro esposo.
Hace apenas unos minutos que hemos embarcado padre y yo. Está más callado de lo normal, me mira muy severamente, incluso parece que su barba está mucho más blanca de lo habitual. Creo que está muy preocupado por mí.
No te contaré mi despedida, cómo le dije adiós a mamá madre, y a mi dama de compañía Justinnne, tampoco te diré cómo Lisse, e incluso Emanuelle, se despidieron de mí entre lágrimas. Yo misma lloraría sobre el papel y eso estaría muy mal. Tengo que dominar mi carácter rebelde.
En un par de días llegaré al puerto y aún tendré varias horas de camino en carruaje hasta llegar a la mansión de mi futuro esposo. ¿Cómo será? ¿Será feo? Desde luego no debería ser feo… padre no ha querido revelarme su aspecto así que sospecho que no me gustará, o quizás sí. Querida, no puedo evitar sonreír al imaginar su aspecto. Lo imagino como aquel muchacho que vimos en el Jardín del Luxemburgo, ¿Lo recuerdas? Yo hice un comentario sobre su pelo y sus ojos, y él entonces nos miró. Era muy apuesto… Tú me reprendiste, cómo de costumbre, y me dijiste que no era digno de una dama hablar así, pero en aquel momento mi corazón tenía alas. Creo que sí que lo recuerdas, quise ir a entablar conversación con él pero no me dejaste. Suspiro. Suspiro. Suspiro… ¡Ojalá sea cómo aquel muchacho!
Desearía extenderme más en mi misiva, querida, pero me temo que no tengo mucho que contarte, por el momento paso las horas imaginando a alguien apuesto, y sin embargo tengo la casi certeza de que mi marido no será bien parecido, sino padre me hablaría con ilusión.
Mi humor empieza a decaer así que será mejor que termine ya mi misiva.
¡Querida amiga! cuéntame algo alegre; para cuando vuelva a escribirte, tendré el alma hecha girones. Lo sé.
Con cariño:
Arianne
P.D: Disculpa los tachones, no me siento con la fuerza necesaria para empezar de nuevo la carta, la he empezado un par de veces y ha pasado lo mismo. Sé que sabrás disculparlo.
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