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miércoles, 28 de marzo de 2012
Historia 17
Arianne sonríe tímidamente, la conversación la ha llevado a recordar todo lo que pasó, a redescubrir sensaciones para ella completamente desconocidas hasta el momento.
- Todo… me temo que tú te escandalizarías y yo no sabría cómo contarte éste tipo de cosas. Pero… - Arianne mira su taza de té, remueve el azúcar en ella y se pierde de nuevo entre sus recuerdos. Sus mejillas se encienden de nuevo. – fue algo muy extraño.
Mira a su amiga, que la escucha atentamente. Cuánto había echado en falta aquella mirada, no había otra igual, tan atenta, mirándola, esperando a que le contara lo que tenía que contarle, como si no hubiera nada más importante en el mundo. Hablar con padre no era lo mismo, padre nunca la miraba a los ojos; Otso era diferente, se sentía perturbada cuando ambos se encontraban mirándose. Pero Camille, siempre atenta y dispuesta a escucharla, aunque no lo aprobara, aunque luego se escandalizara.
- Al final fui a buscarlo – Arianne sonríe, asiente – pero no estaba en su alcoba; entré, y allí no había nadie. Al volver a mi habitación bastante decepcionada lo encontré dormido en mi cama.
Los ecos de la risa de ambas amigas resuenan por todo el salón.
- Y bueno, me quedé como tonta mirándolo, nunca he visto dormir a un hombre, él estaba tan hermoso… de repente me jaló del brazo – se sonríe a sí misma. – y me dijo que sólo quería dormir, pero como puedes ver por mis horribles ojeras, no he dormido demasiado.
Ambas vuelven a reír, cómplices, siempre cómplices. Arianne desvía la mirada hacia su taza y vuelve a sonrojarse tímida, inocente, vergonzosa, si Camille tuviera una ligera idea de los recuerdos que ahora pasan por su mente también se sonrojaría.
- Ah! Se lo dije ésta mañana, cuando nos despertamos, lo de la carta, asintió y se marchó.
Un segundo después, Otso aparece por la puerta del salón, silencioso, a espaldas de ambas mujeres; sonriente como no lo había estado hasta ahora. A lo largo de toda la ceremonia su rostro había sido un digno reflejo serio, educado, impasible, forzado e incómodo. Ahora sin embargo parecía que algo había cambiado, sonreía todo él, sus ojos, sus labios, su manera de caminar, de moverse, e incluso de tocarse el pelo.
- Os he escuchado reír, y he supuesto que erais vosotras, ¿Nadie se ha levantado todavía?
Ambas lo miran, sonrojadas, sonrientes, y entonces él advierte, intuye el tipo de conversación que tenían, sus mejillas adquieren un tono rosado que, en contraste con la piel pálida de su rostro llama poderosamente la atención. Carraspea, e intenta disimularlo marchándose hacia la mesa del desayuno. La certeza de que él era el motivo de conversación le inunda el rostro y la cabeza de pensamientos, de recuerdos y sale apresuradamente de la estancia.
Vuelve, minutos después con una carta entre las manos, la deja sobre la mesa, entre Camille y Arianne:
- He escrito esta mañana la carta que pidió Tuo… Arianne.
- Puedes llamarme cómo quieras delante de Camille, le conté lo del nombre ya ha mucho tiempo, no pasa nada.
Otso sonríe, agradecido, gustoso de poder volver al nombre habitual y dejar de lado aquellas malditas correcciones.
- En cuanto quieran, señoras mías, añaden la dirección a un sobre y cualquiera de los criados la enviará.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Historia - 15ª parte
Arianne se
descalza y con los pies desnudos cruza los pasillos del castillo que ya conoce
como la palma de su mano. Una tras otra las fuertes puertas de madera se
deslizan sus ojos y se pierden tras ella.
Ha llegado, a la puerta anterior a la suya, la puerta de aquella alcoba que vio fugazmente; entreabre la puerta lo suficiente para asomar sus ojos en la estancia y comprobar que no hay nadie en la cama. La luna llena, y el gran ventanal, muestran una cama con las sábanas desechas y vacías. Entra en la habitación, alza su mano, con la vela en alto para alumbrar los rincones del lugar. No, ahí no hay nadie.
Ha llegado, a la puerta anterior a la suya, la puerta de aquella alcoba que vio fugazmente; entreabre la puerta lo suficiente para asomar sus ojos en la estancia y comprobar que no hay nadie en la cama. La luna llena, y el gran ventanal, muestran una cama con las sábanas desechas y vacías. Entra en la habitación, alza su mano, con la vela en alto para alumbrar los rincones del lugar. No, ahí no hay nadie.
Cabizbaja, pensativa y desilusionada, con la sonrisa de su rostro emborronada, entra en su cuarto y apaga la vela. La deja en el tocador y se dirige a una cama que no está vacía. Otso, sus ojos cerrados y una leve sonrisa dibujada en sus labios. Se queda un rato de pié, mirándolo, sin atreverse siquiera a respirar, siente el calor en sus mejillas ante la idea de entrar en la cama con él, y por un momento, quiere ir al cuarto de Otso, dónde hay una cama vacía, y dormir en él.
En esos pensamientos está cuando Otso se levanta y la coge de ambas muñecas, tira de ella hasta tenerla metida en la cama.
- Tuon... Arianne - resopla irritado por ese centenar de veces en las que ha tenido que rectificar el nombre - Tienes los pies helados. ¿Acaso has cruzado el castillo descalza con éste frío?
A ella le cuesta hablar, siente las manos de Otso en la parte baja de su espalda.
- Sí... eh.... bueno... - incluso le cuesta pensar - he ido a ver a Camille. Por eso he tardado tanto en llegar... - rojo fuego en sendas mejillas - Tu has... ¿Has estado esperando mucho rato?
Él sonríe ante la tierna reacción de ella.
- Me temo que desde que te has ido.
- ¿Y... bueno... que....?
- Hemos hecho un trato, pero... en él no dice nada de dormir. Quería dormir contigo, Tuon... - Gruñe, se niega a rectificar ésta vez.
- Ya veo como cumples tú los tratos, todos me preguntaban qué era eso que decías antes de llamarme.
Ella frunce el ceño y se aparta un poco de él, ocupando así la mitad de la cama que le corresponde. Él se acerca, serio, todo él, cálido, tan cálido como siempre... la besa, besa su labio inferior, una y otra vez, y en ella cada vez hay más ímpetu.
- Creo, que de éste trato, no voy a poder cumplir ni una parte.
Y ésta vez es ella la que imprime el primer beso fogoso en los labios de Otso, es ella la que toca su espalda, su cuello, su mentón. Ya no encuentra restricciones, él es suyo, ya no hay temor, ya no hay preocupaciones, ya no tiene que medir cada una de sus palabras, ni cada una de sus acciones.
- Tuonella, si sigues así, no podré cump...
Muerde el labio inferior de Otso, lo muerde con más fuerza de la debida. Pero él ni siquiera protesta, simplemente se ríe. Esa fue la primera risa de Otso que escuchó.
- oh, ¡Cállate! No quiero que lo cumplas, tonto.
…..
Sale el sol, y colándose por el ventanal los encontró desnudos dentro de la cama. Ella abrió enseguida los ojos, como siempre había hecho, para recibirlo.
Sale el sol, y colándose por el ventanal los encontró desnudos dentro de la cama. Ella abrió enseguida los ojos, como siempre había hecho, para recibirlo.
Se abrazó a él, a su espalda, a todo él que aún permanecía tan tranquilamente dormido a su lado, igualmente denudo.
- Otso… Otso… Despierta… ha salido el sol, te encontrarán aquí.
- ¿Y qué? Eres mi mujer… - refunfuña, - no hemos hecho nada malo.
- ¿Quieres que mi madre empiece a preguntarnos cuándo me quedaré embarazada? ¿Cuántos hijos tendremos? ¿Qué nombres les pondremos? Y, lo más importante ¿Dónde se criarán?
Él abre los ojos de súbito, se levanta, sale de la cama y empieza a buscar algo de su ropa.
- Se marcha hoy ¿Verdad? – protesta, mientras desnudo recoge su ropa.
Ella lo mira, atenta, curiosa, observa la desnudez de Otso, tan extraña y a la vez tan atractiva. Él se da cuenta pero no dice nada, se lo guarda para otra ocasión.
- ¡Espera! Debes escribir a Julien sin falta, Camille se quedará, y dado que ella no puede hacer un viaje de vuelta a París tan largo y tan sola, tendrás que escribir a Julien y pedirle que venga a buscarla, tú eres un hombre, sabrás cómo decírselo. – Otso asiente complacido segundos antes de desaparecer tras la puerta.
Una hora después, cuando Arianne baja con una gran sonrisa en sus labios, encuentra a Camille desayunando, como no podía ser de otro modo, a primera hora de la mañana, puntual y perfecta, con un vestido precioso.
Todavía no hay nadie más desayunando solamente se encuentran las dos amigas, que cómplices, se sonríen mutuamente. La una sentada al lado de la otra.
domingo, 7 de agosto de 2011
Historia - 13ª Parte
- Tan.... tan tú, Camille... - suspira - si a ese hombre le gustas, desde luego
le debes de gustar aun con tu insipidez natural.
Se levanta de la cama, se acerca a la ventana, y queda pensativa mirando el paisaje blanco y la luna llena.
- Cordial, correcta y políticamente impecable. ¿Por qué dejas que la vida se marche de esa manera tan silenciosa? No emites queja alguna. Él no es "una tentación", es Julien, sin más.
Da unos pasos hacia la cama, se acerca al candil y mira a Camille.
- Es tarde, tenemos que dormir, dime que te quedarás al menos un día más. A Otso le gustas, aunque no es muy hablador, como ya has comprobado, creo que ve a las personas, aún sin palabras. Me ha preguntado que si te ibas a quedar más tiempo que el resto. También me ha preguntado cuándo se marcha mi madre. - se ríe.
- Siento mucho que no te haya causado buena impresión, antes, en éste mismo cuarto mientras yo me cambiaba, que descortés por su parte. Ya lo he regañado.
miércoles, 6 de julio de 2011
Historia - 11ª Parte
El suspiro de Camille se extiende hasta llegar a Arianne, que suspira también. La mira preocupada. No sabe qué decirle, así que guarda silencio unos instantes, inspeccionando la expresión de su amiga. Advierte tranquilidad... pero eso no hace desaparecer la preocupación.
- Lo siento, siento mucho haberte dejado sola en ese mundo tuyo tan recluido, lamento que no hubiéramos hecho otras amistades, para acompañarte en éstos momentos. - Sonríe pensando en alguna estrafalaria joven que conocieron en el teatro, sonríe, imaginando todas aquellas veces que se reusaron a otras compañía femenina que la mutua. Todas ellas tan arpías... - Deberíamos haber hecho más amigas de confianza. Claire no me gusta, no entiendo por qué Lucien sale siempre que está ella y te ha dejado tan sola todos estos años ¿De repente le gusta el teatro? Esconde algo que no me gusta. - Teme mirar a su amiga así que se mira las manos, no puede permitirse silencias su lengua, no lo hará; - ojalá hubieras conocido a ese muchacho tiempo atrás. Te veo, miro tus ojos cuando hablas de él, leo tus palabras cuando escribes sobre él. Veo todo eso que no vi el día de tu boda. ¿Lo recuerdas? Pregunté, infinitas veces, si estabas segura; y aunque ahora no sirva de nada, (y créeme, no te lo reprocho), sigo sin comprender por qué te casaste con ese hombre.
Arianne deja de mirarse las manos, esto sí se lo va a decir mirándola a la cara.
- Pero no importa, todo eso no importa porque ya ha pasado, ya está hecho, no tiene remedio. Sin embargo, hay cosas que sí lo tienen. Julien es un remedio. ¡No! ¡No! permíteme terminar, ya sé que me vas a regañar, que es una locura, que jamás harías eso... - Arianne sonríe con tranquilidad, Camille la mira, y por sus ojos, sabe perfectamente lo que va a decirle. - No dejes de ver a Julien, déjate llevar, deja que todo se desarrolle cómo deba desarrollarse. No lo fuerces Camille. No niegues las cosas, ese hombre te ha hecho sentir más ilusión en un maldito gesto que tu marido en varios años. ¡Camille! ¡Estás loca! ¿Cómo vas a dar la espalda a eso? Date un respiro, permítete sonreír, ilusionarte. Date una oportunidad Camille, por favor.
Queda en silencio, escrutando los ojos de su amiga, esperando su alarma, su reprimenda; esperando su sorpresa y su negación.
- Lo siento, siento mucho haberte dejado sola en ese mundo tuyo tan recluido, lamento que no hubiéramos hecho otras amistades, para acompañarte en éstos momentos. - Sonríe pensando en alguna estrafalaria joven que conocieron en el teatro, sonríe, imaginando todas aquellas veces que se reusaron a otras compañía femenina que la mutua. Todas ellas tan arpías... - Deberíamos haber hecho más amigas de confianza. Claire no me gusta, no entiendo por qué Lucien sale siempre que está ella y te ha dejado tan sola todos estos años ¿De repente le gusta el teatro? Esconde algo que no me gusta. - Teme mirar a su amiga así que se mira las manos, no puede permitirse silencias su lengua, no lo hará; - ojalá hubieras conocido a ese muchacho tiempo atrás. Te veo, miro tus ojos cuando hablas de él, leo tus palabras cuando escribes sobre él. Veo todo eso que no vi el día de tu boda. ¿Lo recuerdas? Pregunté, infinitas veces, si estabas segura; y aunque ahora no sirva de nada, (y créeme, no te lo reprocho), sigo sin comprender por qué te casaste con ese hombre.
Arianne deja de mirarse las manos, esto sí se lo va a decir mirándola a la cara.
- Pero no importa, todo eso no importa porque ya ha pasado, ya está hecho, no tiene remedio. Sin embargo, hay cosas que sí lo tienen. Julien es un remedio. ¡No! ¡No! permíteme terminar, ya sé que me vas a regañar, que es una locura, que jamás harías eso... - Arianne sonríe con tranquilidad, Camille la mira, y por sus ojos, sabe perfectamente lo que va a decirle. - No dejes de ver a Julien, déjate llevar, deja que todo se desarrolle cómo deba desarrollarse. No lo fuerces Camille. No niegues las cosas, ese hombre te ha hecho sentir más ilusión en un maldito gesto que tu marido en varios años. ¡Camille! ¡Estás loca! ¿Cómo vas a dar la espalda a eso? Date un respiro, permítete sonreír, ilusionarte. Date una oportunidad Camille, por favor.
Queda en silencio, escrutando los ojos de su amiga, esperando su alarma, su reprimenda; esperando su sorpresa y su negación.
sábado, 11 de junio de 2011
Historia - 9ª parte
Todo ha pasado, los invitados se han ido o se han acostado, todos duermen ya, o al menos lo intentan.
- Camille - la voz de Arianne, leve, en susurros, pero Camille la ha reconocido de inmediato. Primero la mano, luego el candelabro - Dime que no te has dormido aún, esto es horrible, no hemos podido hablar en todo el día.
Entra, ella y su largo camisón, el sonido de sus pies descalzos contra el suelo; cierra la puerta tras de sí.
- No, - la interrumpe, sabe perfectamente lo que le va a decir - no te preocupes, Otso y yo hemos acordado que aunque la boda ya se haya celebrado dormiremos en alcobas separadas hasta que todos se hayan ido. No temas interrumpir nada. No tendré noche de nupcias hasta que mamá se vaya.
Se ríe a carcajadas nerviosas. Deja el candelabro en la mesilla de noche, alumbrando levemente toda la alcoba.
- Te he visto muy pensativa, te conozco, no finjas. Sé que estoy lejos, que te has acostumbrado a no tenerme cerca, pero te sigo conociendo mejor que a mí misma. Lucien, Julien, Claire... Háblame de ellos por favor, la última carta que intercambiamos resultaba alarmante.
martes, 24 de mayo de 2011
Historia - 7ª parte
Se vuelve hacia su amiga, antes de adentrarse tras la mampara para cambiarse, con el corsé ya desatado.
- ¿Niños? ¿Felicidad? ¿Nieve? - Queda pensativa y al cabo de unos instantes reacciona.- ¡Lucien! ¡Y Claire! ¡Tienes que contarme! - Vuelve a sonreír entusiasmada, acaba de mandar al olvido todas las lágrimas recientes. - ¿Cómo recibió tu Lucien el viaje sola? ¡Dime que al menos se preocupo porque vinieras sola!
Ha añadido el tú a traición. Sabe que Camille no hablaría tanto de alguien si no fuera importante para ella, y si lo ha mencionado ha sido por algún motivo.
De repente, Otso abre la puerta del dormitorio, atropelladamente, casi sin llamar antes a la puerta:
-Tuone.... ¿Arianne? - corrige rápidamente al ver a Camille, mirándolo.
Se quita el sombrero de copa rápidamente, y sujetando el ala con ambas manos, farfulla una disculpa mientras hace la reverencia.
Observa el vestido de novia de Arianne, sobre la cama, las medias, los zapatos, el liguero. Se detiene en la mampara, y reconoce entonces la mano blanca, de uñas perfectas, recogiendo el vestido sobre ella. Nervioso, da la espalda a ambas mujeres y vuelve a farfulla una disculpa. Sus mejillas encendidas no pueden verse porque está de espaldas, pero retiene en su memoria la imagen del liguero azul sobre el vestido de novia. Carraspea un poco y vuelve a hablar.
- Disculpe, mi ladie, Camille - pronuncia en un perfecto francés - por irrumpir en su alcoba de ésta manera, los criados me dijeron que Arianne se encontraba aquí, y supuse que... Perdone mi falta de modales pero me hallo en una situación desesperada.
Suspira apesadumbrado, agobiado.
Se quita el sombrero de copa rápidamente, y sujetando el ala con ambas manos, farfulla una disculpa mientras hace la reverencia.
Observa el vestido de novia de Arianne, sobre la cama, las medias, los zapatos, el liguero. Se detiene en la mampara, y reconoce entonces la mano blanca, de uñas perfectas, recogiendo el vestido sobre ella. Nervioso, da la espalda a ambas mujeres y vuelve a farfulla una disculpa. Sus mejillas encendidas no pueden verse porque está de espaldas, pero retiene en su memoria la imagen del liguero azul sobre el vestido de novia. Carraspea un poco y vuelve a hablar.
- Disculpe, mi ladie, Camille - pronuncia en un perfecto francés - por irrumpir en su alcoba de ésta manera, los criados me dijeron que Arianne se encontraba aquí, y supuse que... Perdone mi falta de modales pero me hallo en una situación desesperada.
Suspira apesadumbrado, agobiado.
- Arianne, te necesito, sal de una vez, te lo ruego, por lo que más quieras, tu madre me está poniendo nervioso, supervisándolo todo, de esa forma tan escrupulosa. - estruja el ala de su sombrero negro nerviosamente, desconoce si hablar así delante de su amiga Camille es algo descortés, pero después de tanto oír hablar de ella siente cierta familiaridad con Camille - me lleva de aquí para allá, habla con todo el mundo... - se obliga a silenciarse. - Todos preguntan por ti.
- Discúlpame, quería venir a ver a mi amiga, hace mucho que no la veo… y he venido a verla… y a hablar un poco con ella. – Suspira, Camille reconoce el suspiro de quien se ata el corsé, que esta vez está por delante del vestido.
- Tranquilo, ya puedes mirar. - Sale por un lado de la mampara, lo mira, con la reciente reprimenda de su madre aún resonando en su mente, a penas lo mira a los ojos por vergüenza. Él la mira, y por un leve instante sonríe.
- Ese vestido… No te lo había visto… estas muy…. – Pronuncia muy levemente hasta apagar el sonido de su voz, carraspea, mira su sombrero y de nuevo mira a Camille. - No entiendo cómo las mujeres soportan la vida en sociedad. - Vuelve a mirar a Arianne de nuevo - necesito llevarte del brazo, tú debes ser el centro de atención y no yo. No saldré ahí afuera hasta que no vengan ambas conmigo.
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- Prólogo II - Camille
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- Misiva 5
- Misiva 6
- Misiva 7
- Misiva 8
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- Misiva 10
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