Historia - 16ª parte
Esa mañana Camille se levanto tan temprano como siempre, la noche de palabras no había hecho mella en su rutina casi estudiada. Como desde hacía tanto, abrió los ojos con el sol, estiró un brazo hacia arriba, luego el otro y respiró hondo, sonoramente.
Bajó los dos pies juntos de la cama y los apoyó en el suelo, desnudos. Giró su cabeza hacia ambos lados y se levantó de una sola vez.
Asumió que las criadas estarían aún avocadas a desvestir el castillo de la boda, así que se vistió y alistó su cabello, rubio, en rizos y un recogido simplón, sola, sin ayuda, ni siquiera llamó. Miró complacida su vestido turquesa, pensó en los mismos ojos de Julien y un sentimiento de paz y cariño la sobrecogió y le regaló una sonrisa. Extrañada, se dispuso a bajar a tomar el desayuno.
Desayunar sola era su automático, al igual que los dos pies a la vez de la cama al suelo, así que se sentó y esperó el desayuno. Se preocupó en París, en Lucien y los negocios en Inglaterra, en Julien y en sus palabras, en la carta escondida y en Claire, joven y de turquesa igual al de ella, en su amiga y en su candelero sonriente y antes que el humeante puntapié inicial del día, Arianne irrumpió radiante sus pensamientos.
Realmente no la esperaba, pero se alegra tanto de tenerla una vez más en sus desayunos, en su vida, su única confidente y ahora con algo que confiarle.
- Querida, no sería propio preguntar por tu noche, además, tu madre siempre acecha.- Sonríe. – Preguntaré pues ¿Cómo ha comenzado tu día? - Un brillo pícaro inundaba la sala – Dime que has hablado con Otso en algún momento, para que escriba a Lucien, dime que lo has convencido de que lo haga.
Una criada interrumpe con la tazas y los bocadillos y Camille suspiró aliviada.
- ¡Pensé que era tu madre! – sus ojos cómplices se abrieron brillantes – espero que no creas que no soy una ingrata por decidir quedarme cuando recién eres una mujer casada. Puedo irme si inoportuno, lo sabes, pero… no puedo negar que quiero quedarme, ya, lo dije.
Camille se percibe, se nota feliz, como esperanzada, como no sabe mucho de esos sentimiento, le hace ilusión la compañía sincera.
- No te he dejado hablar, lo sé, lo sé, perdona. ¡Cuentame todo! – Se sonroja - bueno, no todo, claro está, pero al menos, dejame cederte la palabra.
HISTORIA - 14ª PARTE
Camille sonríe ante las palabras de su amiga. Lo sabe, sabe que debería ser más ella, estar más viva y disfrutar de sus días, pero no, no puede, aún así, debería intentarlo, al menos ahora al lado de su amiga.
- Sé que tenemos que dormir, lo sé, has de estar muy cansada… y sin noche de bodas – suelta una risita – vamos, deslízate al cuarto de tu marido, nadie lo notará. Y no te preocupes, le he tomado mucha estima, se nota el cariño que te tiene.
Se levanta, toma la vela y abre la puerta.
- Yo también quiero saber cuando se va tu madre. Pero si pretenden que me quede más que ella, debería escribirle a Lucien, no puedo regresar sola. Tal vez si Otso le escribe, como es hombre, lo apruebe. No lo olvides, ve a su alcoba.
Cuando la puerta se cierra ella aún está sonriendo.
HISTORIA - 12ª PARTE
- Querida, no ha sido tu culpa, sabes lo difícil que siempre me ha resultado hacer una amiga, incluso ahora, no hago más que desconfiar de Claire… - Camille miró a su amiga cómplice – además, creo que pensamos lo mismo sobre ella…
Se levantó de la cama y buscó entre sus ropas un pequeño cofre de madera. Regresó a la cama, y lo abrió lentamente.
- Julien… antes de venir a tu boda le he escrito estas líneas, ya que su hermana comentó que él no comprendía mis ausencias y que no habían entristecido. No he tenido el valor de enviárselas. – entre sus manos, descansaba un papel con letra prolija, con los bordes arrugados, tal vez, de tantas lecturas - escúchala antes de sonreír o regañarme.
“Monsieur:
Me permito escribirle estas líneas, luego de las palabras que su hermana amablemente me ha transmitido. Lamento si lo he ofendido con mi ausencia, y con gusto he de reparar este desliz cuando lo crea conveniente. Jamás he sido mi intención causarle un disgusto o incitar a que usted se forme una injusta opinión sobre mí. Le brindo una sincera disculpa.
Debe usted de saber que su compañía me es grata y que le ofrezco mi amistad, siempre será bienvenido en esta casa.”
- Asumo que es un poco osada, pero no podía pensar en otra cosa. Agradezco este viaje, que si bien no me ha aclarado nada, al menos me ha alejado de la tentación.
HISTORIA - 10ª PARTE
Camille sonríe, su amiga la ha acorralado esta vez, ya no tiene donde esconderse, y ya no quiere hacerlo.
-No pensé verte esta noche, ni contarte esto, no es que no confíe, es que no creía poder hallar el momento apropiado – Con un ademán, señala a su amiga que tome asiento – Es una historia extraña, por favor, déjame contártela completa, antes de que hagas alguna observación, no sé como comenzar, ya me conoces y esto no es lo usual en mi, espero sepas comprender.
Suspira hondamente, como si estuviera juntando valor, coraje, a fin de cuentas es solo una historia.
- Cuando Lucien regresó de Inglaterra, lo hizo aún más distante que siempre, y tú, tú ya no estabas para acompañarme, mi soledad hizo que le envié unas líneas, por lo que supongo que regresó sin ganas. Aún así, conseguí que me lleve al Teatro, muy a su pesar. Allí, encontramos a el hijo de uno de los asiduos compañeros de apuestas de Lucien, un tal Julien – su rostro se ruboriza, inevitablemente – pues… como ya te dije en mis cartas, la impresión que me dio desde el inicio fue deslumbrante, sí, no encuentro una palabra más justa, me deslumbró, pero en ese momento no lo supe. Como sabes, él tiene una hermana, Claire, y mis esfuerzos no tenían más fin que el de ganarme su amistad, algo que aplaque mi aislamiento desde tu partida. Lucien los invitó a visitarnos, a cenar, supongo que él también albergaba las esperanzas de que encuentre una buena amiga así él podría marcharse sin preocupaciones, o al menos eso he decido pensar. Ella es muy bella, joven y educada, un poco sosa, si me permites decirlo – Una pequeña risa cómplice se escapa de sus labios – pero al menos me hace compañía. Lamentablemente, Julien me cautivó mucho más que ella. Tardé un poco en notarlo, pero no he podido dejar de pensar en él y en ese día que tomó mi mano tan osadamente, luego de eso todo cambió, ya verla a ella era un excusa para mencionarlo, para estar un poco más cerca de él. Lucien la seguía invitando, al principio eso apaciguaba mis ansias, íbamos al teatro con ella, él fue alguna vez también, salíamos a todas partes con ella – se silencia un momento, dubitativamente – no lo sé, luego de tu carta y tus desconfianzas ya no me sentí tan segura con ella, pero, al menos salía yo de esa casona tan grande, tan vacía y tan apática. Amiga mía, no pude evitar, frenar mis sentimientos por un hombre que no es mi esposo, creo que jamás he sentido por Lucien algo así, tengo esperanzas de verlo, de escucharlo, de volver a sentir su mano en mi mano – se ruboriza más continúa – por eso es que tuve que dejar de verlo, no voy a decir que me haya resultado dificultoso evitar su compañía, pero eso no ha hecho más que magnificar estas extrañas sensaciones que me provoca él sólo evocar sus expresiones. Sé que ya no debo albergarlas, supongo que el tiempo hará lo justo, que definitivamente no es esto. – Toma la mano de su amiga - ¿sabes? En este corto tiempo en el que te fuiste he pensado muchas cosas, y he notado que algunas de ellas no parecen estar bien, sé que no soy nadie para decirlo, pero de verdad, creo que no están bien. No está bien que Lucien me ignore, que me deje sola, que no se preocupe por mi, sé que me compra vestidos y zapatos y sombreros y me consiente en todo lo que le pido, pero… no lo sé… creo que un matrimonio debe de ser más que eso, y viéndolos a Otso y a ti… ¡Dios! Jamás he notado eso entre nosotros, jamás he notado nada de él más que darme dinero. ¿Cómo es que no se preocupa por tener hijos conmigo? ¿es que no quiere un heredero? ¿O al menos una niña a quién consentir? ¿es que ni siquiera le preocupa lo que piensen en los salones? ¿quién soy yo para mi esposo? Debe de haber algo más en la vida que eso… siempre he sido buena esposa, juiciosa, dedicada, delicada, educada, siempre lo he acompañado sin cuestionar ni una de sus decisiones, eso es lo que me enseñaron ¿es que estoy olvidando algo? – Una lágrima cae de sus ojos tranquilamente – No esconderé mis lágrimas, perdona, pero no quiero hacerlo, sé que es tu día, pero por favor, permíteme este desahogo… Y Julien… no lo sé, es todo tan confuso… tan inapropiado, pero él mostró en unos pocos días más interés en mí que mi marido en 2 años, no es una excusa, pero cuando lo ví, comprendí del todo que algo me faltaba, que algo estaba perdido – seca sus lágrimas y poco a poco recobra la compostura apenas perdida - No lo sé… no te preocupes, no volveré a verlo ni le diré nada a Lucien, esta es mi vida, no debería quejarme, perdóname… eso es todo, querida.
Suspira nuevamente, como si la paz hubiera regresado.
HISTORIA - 8ª PARTE
Justo cuando la pregunta es demasiado justa como para ignorarla o rehuirla, alguien irrumpe en la habitación. Camille no puede evitar temer que sea la madre de Arianne nuevamente, y suspira aliviada al ver a Otso, que, aunque un poco alborotado y confuso, se dirige a ellas amablemente. Sonríe al escuchar que casi llama por ese extraño nombre a su amiga, nota en él un cariño sincero, sabe que serán felices juntos. Él no debería estar observando el vestido, pero su frescura le recuerda a un niño en problemas, no dirá nada por el momento.
Al escuchar las actitudes de aquella que la trajo al castillo, frunce un poco el seño, en pocos días, la imagen impoluta que la madre de Arianne ostentaba ante sus ojos ha ido desvaneciéndose, casi todo su mundo estaba haciéndolo, ¿Tan equivocada había estado? ¿Es que las cosas siempre habían sido tan extrañas, su matrimonio, las personas, los niños, el amor, y ella no lo había notado? No era el momento para esos pensamientos.
-No se preocupe, Monsieur, la situación lo amerita. Ya tendremos tiempo para ponernos al día con su futura esposa. – Una sonrisa cálida acompaña sus palabras.
Arianne hace su aparición, el vestido es maravilloso, se alegra tanto de poder compartirlo con su amiga, el dorado y el cobre de sus cabellos hacen una combinación ilustre. Puede ver en los ojos del prometido como se le ilumina el mundo. Sí, eso es amor. Su amiga aún se encuentra un poco turbada por las palabras de su madre, puede presentirlo, deberá hablar con ella, ahora sabe que es amor, y que el amor no puede ser reprochado ni estar equivocado. Al menos no en unos jóvenes a punto de contraer nupcias.
-No entiendo como las mujeres soportan la vida en sociedad - comenta Otso. Esas palabras no podrían haber llegado en peor momento. De repente, todos sus recuerdos le pesan, debe reprimirlos uno a uno, no es su momento, no, no lo es, ya tendrá tiempo de sobra para pensar cuando la boda acabe y pueda pedir consejo a su amiga, a la valiente, a la viva, a la que siempre sabía seguir su corazón, o cuando regrese a París, a su soledad, a su balcón solitario, a sus quehaceres mecánicos y a su marido ausente. “Yo tampoco puedo comprenderlo ya, pero no importa”, Piensa mientras los enamorados se miran como Lucien y ella jamás se han mirado.
-No saldré ahí afuera hasta que no vengan ambas conmigo. – Anuncia Otso, ambas sonríen cómplices.
-Si Arianne considera que estoy presentable, vayamos. – Mira a Otso orgullosa del cariño que le profesa a su amiga. – No lo hagamos padecer más. No se lo merece.
Se acerca a su amiga y susurra.
-El vestido es tuyo, creo que a todos nos ha encantado en tí.
HISTORIA - 6ª PARTE
-No puedo juzgarte, querida, mas no quiero comprenderte – Camille comienza a desabrochar con cuidado – Este corsé parece ceñido por tu madre ¡Dios! – Una carcajada rompe la tensión – Vamos, ríe un poco, que pronto te casarás con el hombre que amas. Por que sí, sí es amor.
Sus pensamientos la alejan al Teatro, a París, a aquellos ojos ya perdidos y prohibidos.
-Tal vez antes no habría podido decir si era amor pero… - su voz se corta, pero prosigue, no quiere asumir lo que ahora sabe - ahora que me lo detallas tanto, sé que es amor, lo hemos leído tantas veces ¿No?. Tu vida de casada será hermosa, ya lo verás, con paseos en la nieve y quizás algunos niños – sonríe… niños – con esos hermosos cabellos cobrizos. Ya lo verás.
¿Será que puede confesar a su amiga lo que no se atreve a confesarse a sí misma? Sabe que ella no la reprochará, más no es lo justo. Mejor salir de allí.
-¿Verdad que es bello el vestido? Pensaba usarlo a algún lugar, con Lucien, o con Claire, no lo sé… pero se te verá precioso, ya lo imagino, vamos, ya terminé, puedes ponértelo, quiero verlo.
Era mejor pensar en otras cosas, en su amiga, en su boda y en su felicidad.
-He de reprocharte los besos, eso sí, deben de acabarse. Son muy bellos en las novelas, pero malos, malos en una dama. Él no irá a dejarte por eso, también puedo ver que te quiere, pero sería mejor hacerlo desear un poco – Se aleja alegremente hacia la ventana, para mirar la nieve – Tu madre está aquí, y se quedará como el vestido, ya lo sabes.
“Luego de la boda, cuando todo esté en paz, se lo diré, ella sabrá que hacer” piensa mientras sonríe a la nieve.
HISTORIA - 4ª PARTE
Camille no termina de comprender la turbación de su amiga, sin embargo, vuelve a abrazarla mientras le susurra que todo irá bien. Se recuerda a si misma días antes de su boda ¡qué diferentes momentos! Ella carecía de esa ilusión, de esas preocupaciones y de esos ojos que brillaban. Lucien siempre había sido un perfecto caballero y jamás había demostrado más interés por ella como doncella que el justo y necesario, le tenía estima, es cierto, después de todo era amable y cordial, más no veía en él más que una compañía, ahora, años después ya ni siquiera podía llamarlo compañero, se conformaba con llamarlo marido.
Trata de consolarla, de tranquilizarla aún sin comprenderla, ¿qué le causaba tanto dolor? ¿es que no sabía que su madre actuaba así pues era como sabía actuar? ¿en verdad estaba enamorada?, ¿qué era, después de todo, estar enamorada? Si ella lo había estado, no lo había notado.
- Vamos, pruébate el vestido, verás que te sentará muy bien. – se aleja de ella, toma un pañuelo bordado y se lo ofrrece – Verás que todo saldrá bien. – No debes preocuparte, Otso te quiere y será un excelente esposo, puedo decirlo – Tal vez se equivoacaría, no lo sabría, pensó lo mismo de Lucien, pero espera ser sincera con su amiga. – ¿Lo amas? ¿como sucedió? – Por un segundo la imagen de los ojos de Julien se enclava en sus ojos. Amor… ella no debería osar si quiera nombrarlo.
Historia - 2ª parte
Escucha unos pasos acercarse vertiginosos y extasiados, galopantes y seguros acercándose a su puerta y sacándola de su sopor palidecido. Ariane la mira y recuerda de sus ojos el fulgor, la vida y la fuerza que ella misma ha perdido ya. Quiere abrazarla, reírse y compartir secretos de nuevo, desea sus consejos, esa parte de ella que ni Lucien ha logrado arrebatarle.
-¡Camille! Perdóname, por favor, no he podido escapar de las garras de mi madre hasta ahora, tampoco de la recepción a todos los invitados. ¿De verdad lo ves tan hermoso? ¡Sí lo es! ¿Verdad?
La mira, radiante y alborotada, esa es su amiga, la de siempre, la de esos paseos confidentes. Abre su boca para liberar la distancia, pero un golpe en la puerta, seguido de una irrupción ata nuevamente sus silencios.
Otra vez, como tantas veces, Camille asiste a un regaño de las manos de aquella que Ariane llama Madre, su madre, que la asfixia en tantos sentidos como encuentra posibles. En el viaje, llama a su memoria, ha escuchado severas recriminaciones de las actitudes de su hija, de sus gustos y sus palabras Camille ha acotado poco, siempre a favor de su amiga, incluso al riesgo de contrariar a esta benefactora que ha hecho posible su presencia en el castillo, en esta situación tan triste. No se siente incómoda, no es la primera vez, pero sabe que su amiga se averguenza y sabe que estas situaciones le hacen mal, la turban, la entristecen.
-¿Qué pasa si rehúsa del matrimonio? ¡Eh! ¡Te quedarás sola! ¡Sin dinero! ¡Deshonrada! - grita la madre.
Un nudo se instala en su garganta ¿es que ella no dijo lo mismo en una de sus cartas? Jamás pensó que podía ser tan cruel. Trató de apaciguarse, ya pediría las disculpas pertinentes.
Dios no la había bendecido aún con hijos y ella nunca lo había pensado si quiera, pero en ese instante se prometió que si algún día tenía una hija, jamás le diría esas palabras. Sería dulce, amorosa, no apretaría demasiado su corset para que el aire pasara libre, no la obligaría a nada, aun si eso la llevara a riñas con Lucien, pasearía con ella, le compraría dulces y no la asustaría con monstruos o maridos que la dejan en el altar, ni siquiera consentiría que Lucien planee un matrimonio con alguien que su hija no aprobara y curaría todas sus lagrimas con canciones y cuentos. Casi sonríe, en sus ensoñaciones.
- Me marcho, te dejaré un rato con Camille que, espero, te haga entrar en razón y recordar los buenos modales franceses. Espero, por tu bien, que tengas aquí algún vestido con el que salir, no vuelvas a tocar se vestido hasta mañana por la mañana. - Al borde del llanto, la madre se escabulle.
Ariane susurra una disculpa, ella la abraza y le susurra algunas palabras cariñosas.
- Tranquila, querida, no te preocupes ni por mi ni por tu madre, estos días son tus días, son tus momentos. Nadie va a robártelos.- La mira y le ofrece sentarse - Vamos, tengo muchos vestidos que sabes que pueden quedarte, incuso puedes estrenar algunos. - Sin esperar, de en sus ropas cuidadosamente acomodadas rescata un hermoso vestido dorado y lo pone en sus manos - ¿Te gusta? Deja que te ayude a atarlo mientras hablamos, sino las criadas nos interrumpirán y no sé si nos comprenden o no. ¡Eres una radiante novia! Feliz y con el amor en la mirada. Cuéntame de Otso te veo tan ilusionada, amiga ¡quién pudiera ser tan feliz!
NOTA 2
Ella toma el sobre, lo abre con cuidado y lee la nota; sonríe varias veces y mueve la cabeza en señal de asentimiento, no está segura de que la criada hable francés o entienda sus palabras.
Se acomoda en el escritorio junto a una ventana grande y espaciosa, abre el primer cajón y encuentra, satisfecha, tinta y papel y unos sobres, y sonríe de nuevo.
Sin esperar más comienza a escribir:
10
¡Dios mío! Leo y releo tus líneas, me ruborizo y te censuro ¡cómo te has permitido eso!, ya quisiera que estuvieras más cerca para reprenderte fervientemente. Realmente no puedo concebir que te hayas dado esos lujos ¿Mira si ahora no te quiere como esposa? ¿Y si era una prueba y las has fallado? Me duele reprenderte, lo sabes, pero como amiga tengo el deber de decirte que lo que has hecho no es propio ni decoroso, muchos menos correcto. Sé que las culturas son diferentes, pero no creo que a ese punto ¿Es que no te preguntas qué pensará él de tu comportamiento? Sé que habrá sido romántico, como en los libros y las obras, pero debemos tener cuidado, porque esta es la vida real. A pesar de eso, te noto interesada en él, veo que tu percepción de ese atrevido ha cambiado y eso sí es lo justo, ya que será tu marido (si es que aún no lo has espantado), y esos nuevos aires comienzan a sentarle a tu espíritu (quizás demasiado) eso quita la sombra de mis días, pues tu dicha es mi dicha, amiga.
No he vuelto a ir al teatro, pero lo que me cuentas de Cosette es tremendo ¡yo nunca me entero de nada! Vivo en y para esta casa, son casuales mis oídas, espero que ese inglés no sea tan frío como Lucien dice que son todos ellos, pobre de ella sino. Veré si me comentan algo más de su vida, así te la remito, por lo pronto no sé más nada, fuera de que su actuación fue tan magistral como siempre, no pude hablarle ni felicitarla por ir del brazo con Julien ¡Qué tonta he sido!
Lucien ha decido quedarse una semana más, igual pasa poco tiempo en la casa, me deja en compañía de Claire y se va con sus negocios, a veces nos acompaña, prefiero que no lo haga, ya que siempre habla él y me deja callada, sé que tengo poco que decir, últimamente mi vida son sólo ilusiones que a nadie más que a ti puedo contar y que trato de sosegar. Estuve pensando en lo que me adviertes sobre esta niña y mi marido, lo he pensado mucho, pero creo y espero que sea solamente esa necesidad apremiante de conseguirme una amiga para que lo deje tranquilo con sus cosas y no lo moleste, no creo ser una mala esposa o darle motivos para semejante bajeza de todas maneras tendré los ojos abiertos y me preocuparé por servirle como debo.
Ese último detalle me lleva a contarte que, por más que piense a diario en Julien, he decidido no tener más contacto con él. Lo he evitado deliberadamente, incluso ayer en la tarde, cuando vino por su hermana sólo le dirigí la palabra lo justo y necesario y me retiré rápidamente ¡estaba tan radiante!, me atrevería a decir que al notarme tan fría su semblante cambió, se ensombreció, supongo que sólo es una idea mía y un reflejo de mi sentir. Hoy Lucien los ha invitado (a él y a su hermana) a dar un paseo y me he excusado para no verlo. Ellos están paseando y yo escribiéndote, creo que es lo mejor. Debo dedicarme a mi casa, a mi esposo y a mis quehaceres como siempre he hecho y dejar las pasiones para el arte y para tus viajes en carruaje, esa vida no está hecha para mi no sé en qué pensaba no lo sé, pero sea lo que sea se ha acabado.
Tenía para estrenar hoy un precioso vestido verde esmeralda con el sombrero a juego que encargué el día que ese carruaje te llevó al barco, ha quedado ahí, sobre la cama, no he dejado que la criada lo saque, al menos quiero verlo, ya que no puedo usarlo me consuela saber que nada ha pasado a mayores y que podré aprovechar que Lucien se queda conmigo para encausar mi mente.
Creo que viajaré a la boda con tu madre, no quiero perderme tu gran momento y los detalles que tanto resguardas. Mañana, cuando pueda decir que me siento mejor, iré a verla, dudo que Lucien tenga alguna objeción.
Espero prontas noticias tuyas, querida que no tarden en llegar
Camille
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He hablado con Lucien por tu boda y el viaje, dice que no sabe si va a estar disponible en esas fechas, pero que tal vez pueda viajar con otra compañía, honestamente me preocupa que no quiera acompañarme, mas espero poder ir de alguna u otra manera, tu descripción del frío y de las gentes me ha dado mucha curiosidad, sin olvidar que quiero estar a tu lado en un momento tan importante como ese. Tu madre me ha contado que, como también me has dicho, irá a tu boda… tal vez pueda viajar con ella si Lucien se niega a ir.
Querida amiga, debo reprenderte… ¡las cosas que estás pensando! Sabes que no debes imaginar ni a tu marido ni a ningún hombre en la cama! ¿Cuántas veces debo decirtelo? Mas… no puedo hacerlo, pues la vergüenza empaña mis letras. Has leído lo que he tratado de ocultar sobre Julien… y eso no es todo.
Como te dije, Lucien planeó una cena en la casona con Julien y su hermana, Claire, una niña de muy buenos modales y adorables cabellos rizados, tendrá unos años menos que nosotras, como mucho, ayer ha venido a tomar el desayuno con nosotros, sí, nosotros, milagrosamente Lucien se nos unió sin aviso, creo que ella será una buena amiga ahora que ya no estás… Perdona los rodeos, es que me aveguenza mucho… pero Julien ¡Qué caballero!. ¡Qué educación!, ¡Qué porte! Sus modales y su amabilidad han sido infinitos, su elocuencia nos ha superado ampliamente.
Recuerdo y me sonrojo… justo cuando Lucien se dio a sus tabacos una vez más y yo salí al balcón, su hermana se quedó en el salón pero ¡él me siguió! Hablamos de poesía, de teatros y obras, de novedades científicas… ¡es tan prodigioso y osado! ¿Puedes creer que se atrevió a rozar mi mano? Fui poca dama, no referí a nadie del hecho, lo sé, pero no lo tomé a mal, no creo que haya sido más que un signo de amistad o un accidente. ¿No crees? No hay entonces por qué tomarlo a mal.
Julien también me comentó que pronto se estrenará una nueva obra, pediré a Lucien que me lleve antes de parir nuevamente, ha dicho que saldrá esta misma semana, se ha puesto un poco contento con mi nueva amiga, Claire, incluso la invitó nuevamente esta tarde, creo que al fin de ha dado cuenta que estoy muy sola y es un alivio.
Ahora debo irme a encargar unos nuevos vestidos, he convencido a Lucien de que mi ropa no es suficiente y gracias a un bello comentario de Julien hasta logré que me acompañe su hermana.
Por favor, trata de averiguar qué significa esa extraña palabra, verás que es algo bello, yo creo que tu padre, que tanto te ama, sabe que esto es lo mejor para ti.
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Prólogo II - Camille -
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- Prólogo I - Arianne
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