domingo, 5 de junio de 2011

HISTORIA - 8ª PARTE

Justo cuando la pregunta es demasiado justa como para ignorarla o rehuirla, alguien irrumpe en la habitación. Camille no puede evitar temer que sea la madre de Arianne nuevamente, y suspira aliviada al ver a Otso, que, aunque un poco alborotado y confuso, se dirige a ellas amablemente. Sonríe al escuchar que casi llama por ese extraño nombre a su amiga, nota en él un cariño sincero, sabe que serán felices juntos. Él no debería estar observando el vestido, pero su frescura le recuerda a un niño en problemas, no dirá nada por el momento.


Al escuchar las actitudes de aquella que la trajo al castillo, frunce un poco el seño, en pocos días, la imagen impoluta que la madre de Arianne ostentaba ante sus ojos ha ido desvaneciéndose, casi todo su mundo estaba haciéndolo, ¿Tan equivocada había estado? ¿Es que las cosas siempre habían sido tan extrañas, su matrimonio, las personas, los niños, el amor, y ella no lo había notado? No era el momento para esos pensamientos.

-No se preocupe, Monsieur, la situación lo amerita. Ya tendremos tiempo para ponernos al día con su futura esposa. – Una sonrisa cálida acompaña sus palabras.


Arianne hace su aparición, el vestido es maravilloso, se alegra tanto de poder compartirlo con su amiga, el dorado y el cobre de sus cabellos hacen una combinación ilustre. Puede ver en los ojos del prometido como se le ilumina el mundo. Sí, eso es amor. Su amiga aún se encuentra un poco turbada por las palabras de su madre, puede presentirlo, deberá hablar con ella, ahora sabe que es amor, y que el amor no puede ser reprochado ni estar equivocado. Al menos no en unos jóvenes a punto de contraer nupcias.

-No entiendo como las mujeres soportan la vida en sociedad - comenta Otso. Esas palabras no podrían haber llegado en peor momento. De repente, todos sus recuerdos le pesan, debe reprimirlos uno a uno, no es su momento, no, no lo es, ya tendrá tiempo de sobra para pensar cuando la boda acabe y pueda pedir consejo a su amiga, a la valiente, a la viva, a la que siempre sabía seguir su corazón, o cuando regrese a París, a su soledad, a su balcón solitario, a sus quehaceres mecánicos y a su marido ausente. “Yo tampoco puedo comprenderlo ya, pero no importa”, Piensa mientras los enamorados se miran como Lucien y ella jamás se han mirado.

-No saldré ahí afuera hasta que no vengan ambas conmigo. – Anuncia Otso, ambas sonríen cómplices.


-Si Arianne considera que estoy presentable, vayamos. – Mira a Otso orgullosa del cariño que le profesa a su amiga. – No lo hagamos padecer más. No se lo merece.


Se acerca a su amiga y susurra.


-El vestido es tuyo, creo que a todos nos ha encantado en tí.

martes, 24 de mayo de 2011

Historia - 7ª parte


Se vuelve hacia su amiga, antes de adentrarse tras la mampara para cambiarse, con el corsé ya desatado.

- ¿Niños? ¿Felicidad? ¿Nieve? - Queda pensativa y al cabo de unos instantes reacciona.- ¡Lucien! ¡Y Claire! ¡Tienes que contarme! - Vuelve a sonreír entusiasmada, acaba de mandar al olvido todas las lágrimas recientes. - ¿Cómo recibió tu Lucien el viaje sola? ¡Dime que al menos se preocupo porque vinieras sola!

Ha añadido el tú a traición. Sabe que Camille no hablaría tanto de alguien si no fuera importante para ella, y si lo ha mencionado ha sido por algún motivo.

De repente, Otso abre la puerta del dormitorio, atropelladamente, casi sin llamar antes a la puerta:

-Tuone.... ¿Arianne? - corrige rápidamente al ver a Camille, mirándolo.

Se quita el sombrero de copa rápidamente, y sujetando el ala con ambas manos, farfulla una disculpa mientras hace la reverencia.

Observa el vestido de novia de Arianne, sobre la cama, las medias, los zapatos, el liguero. Se detiene en la mampara, y reconoce entonces la mano blanca, de uñas perfectas, recogiendo el vestido sobre ella. Nervioso, da la espalda a ambas mujeres y vuelve a farfulla una disculpa. Sus mejillas encendidas no pueden verse porque está de espaldas, pero retiene en su memoria la imagen del liguero azul sobre el vestido de novia. Carraspea un poco y vuelve a hablar.

- Disculpe, mi ladie, Camille - pronuncia en un perfecto francés - por irrumpir en su alcoba de ésta manera, los criados me dijeron que Arianne se encontraba aquí, y supuse que... Perdone mi falta de modales pero me hallo en una situación desesperada.

Suspira apesadumbrado, agobiado.

- Arianne, te necesito, sal de una vez, te lo ruego, por lo que más quieras, tu madre me está poniendo nervioso, supervisándolo todo, de esa forma tan escrupulosa. - estruja el ala de su sombrero negro nerviosamente, desconoce si hablar así delante de su amiga Camille es algo descortés, pero después de tanto oír hablar de ella siente cierta familiaridad con Camille - me lleva de aquí para allá, habla con todo el mundo... - se obliga a silenciarse. - Todos preguntan por ti.

- Discúlpame, quería venir a ver a mi amiga, hace mucho que no la veo… y he venido a verla… y a hablar un poco con ella. – Suspira, Camille reconoce el suspiro de quien se ata el corsé, que esta vez está por delante del vestido.

- Tranquilo, ya puedes mirar. - Sale por un lado de la mampara, lo mira, con la reciente reprimenda de su madre aún resonando en su mente, a penas lo mira a los ojos por vergüenza. Él la mira, y por un leve instante sonríe.

- Ese vestido… No te lo había visto… estas muy…. – Pronuncia muy levemente hasta apagar el sonido de su voz, carraspea, mira su sombrero y de nuevo mira a Camille. - No entiendo cómo las mujeres soportan la vida en sociedad. - Vuelve a mirar a Arianne de nuevo - necesito llevarte del brazo, tú debes ser el centro de atención y no yo. No saldré ahí afuera hasta que no vengan ambas conmigo.

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Personajes

A continuación la aparecía de los personajes que aparecen en la historia:

Otso

Otso
(Eicca Toppinen)
Con la tecnología de Blogger.

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    Hace 10 años
  • ~**~ - *Podrás infligir en mi corazón una herida mortal, podrás cercenar mis alas, incluso podrás sellar mis parpados.* *Pero nunca, nunca podrás poseer mi voz,...
    Hace 12 años